Víctimas de la ingenuidad

¿Por qué somos ingenuos?

La ingenuidad está relacionada con la confianza, una característica de personalidad que contribuye a la formación de las actitudes y juicios sociales, y que incide en la cualidad de la interacción social. Como cualquier rasgo de personalidad, la confianza varía a lo largo de un continuo, en el que el extremo positivo podría ser caracterizado como excesivo candor, ingenuidad o credulidad, y el polo negativo como elevada suspicacia o desconfianza.

Tiene su origen en factores biológicos y, sobre todo, ambientales (pautas educativas, experiencias vividas, historia de aprendizaje, etc.). Más concretamente, está relacionado con un sesgo de positividad que muestra la mayoría de la gente en sus evaluaciones sociales, por el cual tendemos a evaluar de forma positiva a los demás, aunque este sesgo también está mediado por el estado de ánimo. Quizás su función pueda ser la de preservar la autoestima, la confianza básica en los demás y el bienestar personal ante las adversidades, pese a que el juicio emitido no se ajuste a la realidad.

– ¿Cómo lo vive la gente que lo es? ¿Con naturalidad? ¿Con sufrimiento?¿Abnegadamente?

Cuanto mayor sea la ingenuidad, es más probable que la persona pueda ser víctima del engaño, fraude o manipulación de otras personas y, consecuentemente, mayor será la decepción y malestar sufrido. No obstante, la ingenuidad, cuando no es excesiva, es una característica socialmente valorada al tener connotaciones morales de “bondad”, “buena intención” y “confiabilidad”, que pueden estar reforzando este rasgo en la persona y contribuir a que se viva como una virtud.

– ¿Tiene algo que ver con la edad?

Como rasgo de personalidad, no parece haber una correlación significativa con la edad, si bien es cierto que muchas personas mayores (ancianos) se van volviendo más desconfiadas con la edad, quizás debido a las limitaciones y pérdida de capacidades sensoriales, motoras y amnésicas inherentes al envejecimiento.

Como característica del desarrollo evolutivo socio-afectivo, es evidente que con el paso de los años el niño va adquiriendo habilidad para captar la ironía, el doble sentido de los mensajes, a detectar mentiras a partir de incongruencias, etc.

En cualquier caso, en relación con el bienestar psicológico y la salud mental, a igualdad de condiciones es preferible la ingenuidad a la suspicacia.

– ¿Depende de la personalidad o de la experiencia personal de cada uno?

Se trata de una característica de personalidad y, en cuanto tal, está influida por las experiencias vividas y la historia de aprendizaje individual.

– ¿Por qué hay personas que siguen siendo tremendamente ingenuas después de la infancia / adolescencia?

La ingenuidad, en tanto característica de personalidad, suele mantener generalmente una estabilidad en el tiempo y una consistencia a través de las situaciones. Sin embargo, las experiencias adversas, las frustraciones importantes, las traiciones o infidelidades graves, pueden moldear este rasgo hacia la desconfianza y el recelo, a veces patológico.

– ¿A qué puede deberse un exceso de inocencia e ingenuidad? (infancia demasiado protegida, una forma de no querer crecer, etc.)

Quizá pueda verse influida por esas mismas actitudes en las personas del entorno familiar, figuras de referencia, que se aprenderían por aprendizaje observacional.

– ¿Es atractiva la ingenuidad?

Desde luego, la inocencia o el candor contribuye a crear un clima agradable en las relaciones sociales y es mejor tolerada que la suspicacia, el reproche de malas intenciones y la desconfianza.

– ¿Y el exceso de ingenuidad?

El exceso de ingenuidad no suele ser tan bien aceptado. A veces nos irritamos ante personas que “se dejan engañar” una y otra vez de la misma manera, y parece que no aprenden con las experiencias previas.

– ¿Cómo lo viven los demás? ¿Cómo reaccionan?

El exceso de ingenuidad puede provocar en los demás desde reacciones de compasión a irritabilidad, dependiendo del tipo de relación mantenida.

– ¿Más hombres o mujeres?

No parece haber relación con el género, al menos en la época actual.

– ¿Tiene que ver con la bondad? ¿Los más inocentes suelen ser buenas personas?

Depende de qué entendamos por bondad. La confianza sí está relacionada con otras características vinculadas a la amabilidad y puede predecir la cualidad de la interacción social. Si consideramos la bondad en términos ético-morales, la relación no es tan clara.

– ¿Tiene algo que ver con la inteligencia o no hay relación alguna?

No está relacionada con el concepto tradicional de inteligencia entendido como aptitud lógica, verbal o espacial, pero sí con la inteligencia social que podría definirse como la capacidad para comprender y actuar eficazmente en las relaciones con otras personas.

– ¿Está relacionado con otros rasgos de la personalidad como la timidez, la inseguridad, etc.?

Sí se ha encontrado correlación con la franqueza, altruismo, actitud conciliadora, modestia y sensibilidad a los demás. Todos ellos, junto con la confianza, podrían formar parte de una dimensión de segundo orden denominada “Amabilidad”.

– ¿Qué pasa con las personas que simulan ser ingenuas? ¿Por qué lo hacen? ¿Qué pretenden conseguir? ¿Cómo distinguirlos?

Las motivaciones podrían ser dispares: recibir un trato condescendiente o amable, provocar en la otra persona sentimientos de compasión o ternura, obtener la confianza de la otra persona para utilizarle o conseguir otro fin, etc.

La capacidad para detectarlo dependería de la habilidad dramática del ingenuo actuante y de la perspicacia observacional del espectador.

– ¿La persona ingenua lo es para siempre o suele cambiar?

Ningún rasgo de personalidad es totalmente inmodificable. Puede ocurrir que las experiencias vividas vayan moldeando su comportamiento.

– ¿Los niños actuales son menos ingenuos? ¿Por qué?

Parece que, por lo general, los niños actuales son menos ingenuos que los de generaciones anteriores, aunque es una generalización y existen importantes diferencias individuales. Quizás el cambio en algunos valores sociales tradicionales unido al enorme desarrollo tecnológico ocurrido en las últimas décadas (internet, televisión,…), que pone a su alcance casi de forma ilimitada cualquier clase de información, puedan tener algo que ver.

– ¿Merece la pena cambiar? ¿Qué peligros tiene el exceso de ingenuidad?

Cuando la ingenuidad resulta problemática para la persona, bien por el malestar que le ocasiona o por las dificultades generadas en otros ámbitos de su vida, sí merece la pena cambiar. En cuanto a estas dificultades o peligros podríamos encontrar estafas económicas, decepciones sentimentales, incumplimiento de promesas laborales, manipulaciones sociales y, como consecuencia, un profundo sentimiento de malestar.

– ¿Qué hacer? ¿nos puedes dar una serie de pautas que ayuden a las personas que sienten que son demasiado ingenuas en sus relaciones personales?

Primero, es importante analizar el comportamiento de la otra persona, tanto verbal como no verbal: ¿qué dice o hace?, ¿cómo lo expresa?, ¿muestra alguna incongruencia lo que dice o hace con sus gestos, expresión facial, contacto visual, tono de voz,…?

Segundo, evaluar el tipo de relación mantenida con la otra persona, los resultados de otros encuentros previos, y extraer, de todas las posibles intenciones del comportamiento actual de la otra persona, la que parezca más plausible o probable.

Tercero, considerar cuáles son nuestros objetivos personales en esa situación concreta. ¿Quiero defender mi postura, expresar mi opinión, decir que no, mantener una buena relación con esa persona, evitar un alto coste emocional,…?

Cuarto, con los resultados de los pasos anteriores, tomar una decisión y llevarla a cabo.

 

José Antonio Tamayo Hernández.    Psicólogo colegiado número: M-18960

2017-10-25T21:27:20+00:00

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