Ansiedad y Estrés 2022-10-06T13:34:40+00:00

¡Evita fácilmente todos los problemas derivados de la ansiedad y el estrés!

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En Activa somos conscientes de la complicada situación actual que estamos viviendo, y según parece, así podría continuar durante los próximos meses.

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*Promoción válida hasta el 31 de diciembre de 2022.

¿Sientes que pierdes el control? ¿No paras de dar vueltas a las mismas cosas? ¿No duermes? ¿Te puede el agotamiento?

El 7% de las personas en España sufren problemas derivados de la ansiedad al menos una vez una en la vida.

¿Cuál es la razón? Es muy concreta y común, tu organismo percibe una amenaza que no sabe afrontar, así que necesita un poco de ayuda externa para encontrar el camino hacia la serenidad.

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Cuéntanos

1. Ataques de pánico

¿Sueles experimentar la aparición súbita e inesperada de sensaciones como palpitaciones, ahogo, presión en el tórax, sudoración, mareo y/o entumecimiento de las extremidades?, ¿temes “volverte loco/a”, “perder el control”, “tener un infarto” o “morir”, cuando esto sucede?, ¿has acudido a urgencias y el médico ha descartado que sufrieras un problema cardíaco?

Si has leído estos síntomas y los identificas cómo propios es muy probable que hayas experimentado un ataque de ansiedad o crisis de angustia.  Si, además, estos episodios están ocurriendo con frecuencia y de manera imprevista, te sientes inquieto/a ante la posibilidad de tener más ataques, preocupado/a por las consecuencias de los ataques o has cambiado tu comportamiento o algunas de tus rutinas como consecuencia de ellos; entonces es probable que padezcas un trastorno de pánico.

Cerca del 15% de la población general experimenta al menos un ataque de pánico a lo largo de su vida, de los que aproximadamente el 2% desarrolla un trastorno de pánico, porcentaje que parece haber aumentado en los últimos 40 años.

El trastorno de pánico es el doble de frecuente en mujeres que en varones, y en ellas suele ser más grave y generar una mayor interferencia. La edad de inicio suele situarse entre los 15-24 años y los 45-54 años, aunque también puede aparecer en la infancia y adolescencia.

Las personas que sufren este trastorno visitan al médico siete veces más y faltan al trabajo el doble de días, en comparación con la población general sana, lo que representa un elevado coste para el sistema nacional de salud y la productividad laboral, tanto directo como indirecto.

El trastorno de pánico tiene un pronóstico favorable en una proporción sustancial de pacientes y requiere un tratamiento especializado para evitar las recaídas y la cronificación. Es importante su tratamiento precoz para poder evitar así el desarrollo del temor fóbico a permanecer en lugares abiertos o cerrados en los que podría ser difícil escapar o recibir ayuda en el caso de que surgieran las sensaciones del pánico o similares (agorafobia)

Seguimos la terapia cognitivo-conductual, que está avalada empíricamente y es considerada de elección. En la evaluación nos ocupamos de realizar durante 1-2 sesiones, mediante una entrevista clínica y, a veces, la administración autorregistros y cuestionarios (como el CPA – Cuestionario de Pánico y Agorafobia, el PAS – Escala de Pánico y Agorafobia de Bandelow , y el BSQ – Cuestionario de Sensaciones Corporales):

A) Un diagnóstico preciso, en el que descartemos como causa de los ataques de pánico otros trastornos de ansiedad, algunas condiciones médicas asociadas al pánico y el consumo de sustancias que pueden provocar pánico.

B) Identificar las características, la naturaleza y la frecuencia de los ataques de pánico: ansiedad anticipatoria, miedo a las consecuencias y sensaciones asociadas al pánico, comportamientos de evitación y de seguridad, autoconsciencia corporal.

C) Determinar la presencia simultánea de otro problema psicológico, la existencia de malestar o dificultades en áreas de la vida diaria, cómo ha evolucionado el problema de pánico y la posible influencia en él de factores familiares.

Los pasos a seguir son los siguientes:

1) Psicoeducación sobre la ansiedad, el pánico y la agorafobia.

2) Procedimientos de reestructuración cognitiva y entrenamiento para reducir la sensibilidad a la ansiedad y el miedo a las sensaciones corporales.

3) Técnicas de manejo de los síntomas fisiológicos (control de la respiración, relajación, …)

4) Exposición en vivo a las situaciones evitadas e interoceptiva a las sensaciones físicas.

A través de la terapia cognitivo-conductual ofrecemos una tasa de mejoría del 80% y hemos demostrado que sus logros se mantienen a largo plazo. Se llevaría a cabo en un promedio de 10-14 sesiones.

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2. Preocupaciones y ansiedad generalizada

¿Te preocupas excesiva y constantemente por casi todo?, ¿tiendes a pensar y darle muchas vueltas posibles problemas futuros de diferentes ámbitos de la vida, como el trabajo, los estudios, la familia, la economía o los asuntos cotidianos?, ¿te cuesta controlar las preocupaciones y te producen mucha ansiedad, tensión muscular, inquietud, nerviosismo, fatiga, desconcentración, o insomnio?

Si te identificas con ello, y lleva ocurriéndote más de 6 meses, probablemente sufras un trastorno de ansiedad generalizada.

Afecta aproximadamente al 3% de la población y suele iniciarse entre los 20-25 años. Afecta 2-3 veces más a mujeres que a varones. Sin tratamiento, suele tener un curso crónico y fluctuante, con empeoramientos relacionados con períodos de estrés y una tasa baja de mejoría espontánea.

Para la evaluación del problema solemos emplear la entrevista clínica y, de manera complementaria, administramos algún cuestionario (IUS – Escala de Intolerancia a la Incertidumbre, PSWQ – Cuestionario de Preocupación del Estado de Pennsylvania, y WW – Escala ¿por qué preocuparse?) y autorregistros específicos. En 1-2 sesiones buscamos obtener información sobre:

A) Diagnóstico preciso y descartar que las preocupaciones se deban a otros trastornos (ej. trastorno obsesivo compulsivo, depresión mayor)

B) Contenido e intensidad de las

C) Creencias sobre la función de la preocupación e intolerancia a la incertidumbre.

D) Comportamientos de evitación y síntomas asociados (desconcentración, insomnio, tensión muscular).

E) Funcionamiento interpersonal y en otras áreas de la vida cotidiana, problemas médicos presentes.

Paso a paso, esta será la ruta a seguir:

1) Exposición en vivo o imaginación al contenido de las preocupaciones.

2) Desensibilización con autocontrol (ensayos en imaginación encubierta de un afrontamiento eficaz)

3) Entrenamiento en manejo de la ansiedad (relajación, autoinstrucciones)

4) Manejo de la rumia

5) Reestructuración cognitiva y control del resultado de las preocupaciones

El promedio de de sesiones está entre 12 y 15:

Se considera un trastorno infradiagnosticado y, por tanto, insuficientemente tratado. El tratamiento de elección que utilizamos, considerado como bien establecido, es la terapia cognitivo-conductual, con una tasa de eficacia entre el 66-84%.

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3. Obsesiones y rituales (TOC)

¿Vienen a tu mente pensamientos, imágenes o impulsos indeseados, que te producen ansiedad, en contra de tu voluntad?, ¿intentas resistirte a ellos, distraerte o te esfuerzas para que no aparezcan?, ¿tienes que realizar algún comportamiento de manera repetitiva o ritualizada para sentirte mejor o para que desaparezcan esos pensamientos?

Estos síntomas suelen caracterizar al trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), que, lejos de la excentricidad con la que se ha caricaturizado en la cultura popular, puede llegar a ser un problema muy incapacitante para quien lo sufre, con tendencia a la cronicidad. Afecta aproximadamente al 2% de la población, siendo algo superior en mujeres que en varones. Suele comenzar de modo gradual, sin un precipitante claro, entre los 22-35 años, aunque también puede aparecer en la infancia y adolescencia.

Lamentablemente, la mayoría de los afectados tardan entre 2-13 años en acudir a consulta, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento, empeorando así el pronóstico.

El tratamiento es necesario debido al enorme sufrimiento personal que ocasiona, a las grandes limitaciones que suele conllevar en el funcionamiento cotidiano en diversos ámbitos, y a la baja tasa de mejoría espontánea que presenta.

Seguimos para el tratamiento del TOC la exposición con prevención de respuesta, considerado eficaz y de primera elección.

La evaluación del TOC la realizamos entre 2-3 sesiones, siguiendo una entrevista clínica para recabar la información necesaria, y complementándola, habitualmente, con la aplicación de algún cuestionario (YBOCS – Escala de Obsesión-Compulsión de Yale-Brown, y el MOCI – Inventario Maudsley de Obsesiones-Compulsiones) o entrevista con allegados. Nos interesa obtener información sobre:

A) Las características de las obsesiones, compulsiones, comportamientos de evitación y síntomas asociados; así como la intensidad, frecuencia y duración.

B) Los antecedentes externos e internos de las obsesiones.

C) Las consecuencias temidas y el grado de creencia en las obsesiones.

E) La interferencia que estén produciendo los rituales y las evitaciones.

F) Los factores emocionales y el estado de ánimo.

G) Los recursos personales, sociales y la motivación por el cambio.

Estos son los pasos que seguimos:

1) Identificación y ordenamiento de las obsesiones y compulsiones según la intensidad del malestar que producen.

2) Exposición con Prevención de Respuesta (EPR): promover el afrontamiento de las situaciones evitadas y la presencia de las obsesiones temidas, sin llevar a cabo el ritual o la compulsión habitual, de acuerdo con la jerarquía anterior.

3) Otros procedimientos cognitivos para alterar la función de las obsesiones, el sentido de responsabilidad y la fusión entre pensamiento-acción.

Muestra una efectividad del 75% y sus resultados se mantienen a los dos años (recaída del 12%). Se pueden acompañar de otros procedimientos cognitivo-conductuales, dirigidos a modificar el significado de las obsesiones, la responsabilidad o la fusión pensamiento-acción.

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4. Estrés postraumático

¿Has vivido algún acontecimiento traumático en el que hayas temido por tu vida o por tu integridad física (accidente, catástrofe, agresión) ?, ¿has sido testigo de cómo ocurría en otra persona?, ¿te asaltan recuerdos involuntarios o angustiosos sobre el suceso, pesadillas, o tienes en ocasiones la sensación de estar reviviéndolo?, ¿intentas evitar pensar y hablar sobre lo ocurrido, así como encontrarte en lugares, situaciones o con personas que te recuerden al acontecimiento?, ¿te sueles sentir irritable, hipervigilante, desconcentrado, y con tendencia a sobresaltarte fácilmente?

Estos síntomas son algunos de los que suelen aparecer en el trastorno de estrés postraumático. También pueden aparecer otros, como la incapacidad para experimentar emociones positivas, el sentimiento de desapego a los demás, la pérdida de interés o placer por las cosas, la pérdida de ilusión hacia el futuro, el sentimiento inapropiado de culpabilidad o la incapacidad para recordar aspectos relacionados con el suceso traumático.

Está presente en el 1-2% de la población y entre el 15-30% de quienes han estado expuestos a un suceso traumático (una catástrofe o un accidente) o hasta al 70% en caso de sucesos violentos (terrorismo, agresiones sexuales). Es más frecuente en mujeres que en varones.

Para la evaluación del trastorno de estrés postraumático solemos emplear entre 2-4 sesiones, dependiendo de la gravedad y complejidad del caso. Utilizamos la entrevista clínica y cuestionarios (como la DTS – Escala de Trauma de Davidson, y la EGEP-5 – Evaluación Global de Estrés Postraumático) para completar la información, en la que nos centramos en conocer:

A) Las situaciones temidas relacionadas con el trauma y los comportamientos de evitación desarrollados.

B) La reexperimentación del suceso traumático y el comportamiento que la persona despliega para manejarlo

C) Los síntomas asociados: ansiedad, depresión, embotamiento afectivo, irritabilidad, culpabilidad, consumo de alcohol u otras sustancias.

D) Cambios e interferencia en el funcionamiento cotidiano de la persona en los diferentes ámbitos de su vida.

En el tratamiento del trastorno de estrés postraumático utilizamos la terapia de exposición o la terapia cognitiva, que han demostrado ser las más eficaces y se recomiendan como tratamiento de elección. Se busca la exposición prolongada a las imágenes del suceso traumático bajo el control del terapeuta, recordando y verbalizando lo sucedido de forma prolongada y sistemática en un ambiente de apoyo.

Los pasos a seguir son:

1) Psicoeducación sobre el trauma

2) Entrenamiento en técnicas de desactivación fisiológica

3) Exposición en vivo a los estímulos temidos asociados al trauma

4) Exposición al recuerdo

5) Técnicas cognitivas y emocionales para la reatribución de la culpa y mejora de la regulación emocional

Las tasas de eficacia llegan hasta un 85%.

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5. Hipocondría

¿Sueles angustiarte y creer que sufres alguna enfermedad grave cuando encuentras algún síntoma físico?, ¿tiendes a buscar reiteradamente información sobre su causa, visitas varias veces al médico, y no acabas de tranquilizarte porque sigues pensando que podría ser algo grave?

Estas manifestaciones son habituales en la ansiedad por la enfermedad o hipocondría, en la que aparecen preocupaciones, miedo o la creencia exagerada de sufrir una enfermedad grave, por lo general debilitante, crónica y mortal. Surgen a partir de la interpretación errónea de sensaciones o síntomas físicos existentes, que por lo general se corresponden con disfunciones benignas, o con cambios fisiológicos normales o producidos por el estado emocional. La preocupación y el miedo persisten a pesar de normalidad de los hallazgos de las pruebas y de las explicaciones médicas tranquilizadoras.

Estas personas suelen presentar una escasa tolerancia a la incertidumbre somática y una elevada necesidad de alcanzar la certeza absoluta de estar sanos.

La prevalencia varía entre el 0,02-7,7% de la población. No hay diferencias entre sexos. Comienza en los primeros años de la vida adulta y suele tener un curso crónico, con fluctuaciones debidas a períodos de estrés.

Para su evaluación solemos utilizar la entrevista clínica, complementada con la aplicación de cuestionarios (HAI – Inventario de Ansiedad por la Salud, y el WHI – Índice Whiteley para Hipocondría) y autorregistros, que llevaría entre 1-2 sesiones. Nos interesa obtener información sobre:

A) Síntomas o sensaciones físicas temidas, creencias sobre su explicación y comportamientos de búsqueda de seguridad y de evitación.

B) Experiencias infantiles, estilo de personalidad, problemas psicológicos previos y actuales, presencia de eventos estresantes asociados al problema, actitudes hacia la salud y la enfermedad

C) Repercusión de los síntomas en distintas áreas de la vida y posibles beneficios indirectos asociados.

El tratamiento de elección que utilizamos es la terapia cognitivo-conductual, que incluye los siguientes componentes:

1) Reducir la activación fisiológica (relajación, control de la respiración, …)

2) Extinción de la ansiedad condicionada (exposición y prevención de respuesta) y extinción de conductas inadecuadas (manejo de contingencias)

3) Afrontamiento de situaciones inconvenientes (manejo del estrés, solución de problemas, entrenamiento en asertividad)

4) Desafío de interpretaciones catastrofistas.

El porcentaje de eficacia puede llegar hasta el 80%.

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6. Estrés laboral y Burnout

¿Te sientes agotado emocionalmente al realizar tu trabajo (cansado, perezoso/a, sin energía ni motivación)?, ¿Te has vuelto insensible, cínico/a, o más irritable e impaciente en tu relación con los clientes o usuarios de tu trabajo?, ¿Arrastras una sensación continua de descontento e insatisfacción personal y con el trabajo que realizas?

Si te identificas con estas cuatro preguntas, probablemente estés sufriendo el síndrome de Burnout o “estar quemado”. Suele producirse como respuesta al estrés laboral crónico en aquellas personas que trabajan en estrecho contacto con otras, como pacientes, alumnos, usuarios o clientes; y se caracteriza por el agotamiento emocional, la despersonalización (endurecimiento afectivo y deshumanización) y la ausencia de realización profesional. A diferencia del estrés laboral, que suele manifestarse como una implicación y ocupación excesiva del trabajo y una elevada activación emocional, en el síndrome de Burnout se aprecia una falta de implicación y un embotamiento emocional.

Su origen puede explicarse a través de la conjunción de las características de la persona con las condiciones laborales en que se encuentra en el trabajo. Entre las primeras, suelen destacar el elevado perfeccionismo y sentido de la responsabilidad, deficientes estrategias de afrontamiento ante el estrés, baja tolerancia al estrés y a la frustración, y una red de apoyo social reducida. En cuanto a las segundas, es frecuente encontrar sobrecarga de trabajo, falta de tiempo para acometerlo, funciones y tareas no especificadas o ambiguas, altos niveles de exigencia, falta de oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional, desajuste entre las expectativas laborales y la realidad, tener que expresar emociones socialmente aceptadas en la relación con usuarios o clientes.

Para la evaluación del estrés laboral y el síndrome de Burnout utilizamos:

A) Entrevista clínica, listados o checklists para conocer el contexto organizacional y las características de la respuesta de estrés

B) Datos administrativos, que permiten completar la evaluación del estado de salud de la organización o de los trabajadores a partir de bajas laborales, absentismo, baja puntualidad, quejas somáticas, rotación, índice de accidentes

C) Cuestionarios específicos (como el MBI – Inventario de Burnout de Maslach, el CCL – Cuestionario de Clima Laboral, y el JSS – Cuestionario de Estrés Laboral)

Todo ello suele llevar entre 2-3 sesiones.

El tratamiento del síndrome de Burnout debería incluir cambios y mejoras organizacionales en las condiciones laborales, como una adecuada formación y capacitación para el desempeño de funciones, una correcta delimitación de tareas y responsabilidades (evitando que entren en conflicto entre sí), y proporcionar apoyo social y respaldo organizacional dentro del lugar de trabajo.

El tratamiento psicológico que aplicamos sigue la terapia cognitivo conductual, e incluye:

1) Psicoeducación sobre las características del síndrome de Burnout, sus síntomas, y los factores que lo han originado y lo mantienen

2) Manejo del estrés: técnicas para la reducción de la activación fisiológica (relajación, control de la respiración, …), solución de problemas y toma de decisiones.

3) Entrenamiento en asertividad y habilidades sociales

4) Reestructuración cognitiva: ajuste de expectativas laborales y profesionales

La terapia cognitivo conductual ha demostrado una eficacia significativa tanto el tratamiento individual y grupal de los problemas de estrés laboral.

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