Psicología infantil y juvenil en Madrid
Ayudamos a niños, adolescentes y familias a comprender qué está ocurriendo y encontrar la mejor manera de abordarlo
Durante la infancia y la adolescencia aparecen cambios importantes en la forma de pensar, sentir, relacionarse y comportarse. Algunas dificultades forman parte del propio desarrollo y desaparecen con el tiempo; otras persisten, generan un malestar significativo o empiezan a interferir en la vida familiar, escolar o social.
Para las familias no siempre es fácil distinguir unas de otras.
En Activa Psicología realizamos una evaluación individualizada del niño o adolescente y de las circunstancias en las que aparece el problema. Nuestro objetivo es comprender qué está ocurriendo, valorar si requiere intervención y, cuando es necesario, establecer un plan de tratamiento adaptado a su edad, características y entorno familiar.
¿Cuándo conviene consultar con un psicólogo infantil o juvenil?
No existe una única señal que indique que un menor necesita atención psicológica. Conviene prestar atención especialmente cuando se producen cambios significativos o persistentes respecto a su comportamiento habitual o cuando una dificultad comienza a interferir en su desarrollo y bienestar.
Por ejemplo, cuando observamos problemas importantes en el colegio, aislamiento, conflictos frecuentes, cambios acusados de comportamiento, dificultades para relacionarse, pérdida de interés por actividades habituales, alteraciones persistentes del sueño o la alimentación, problemas para regular las emociones o un malestar que el propio niño o adolescente expresa y no consigue manejar.
También puede ser conveniente consultar cuando los padres no saben cómo responder a determinadas conductas y las estrategias que han intentado utilizar no están funcionando.
Consultar no implica necesariamente que exista un trastorno psicológico. En ocasiones, una evaluación profesional permite precisamente diferenciar entre una dificultad propia de una determinada etapa evolutiva y un problema que requiere intervención.
¿Qué problemas atendemos?
Problemas de conducta y establecimiento de límites
Rabietas muy frecuentes o intensas, desobediencia, conductas desafiantes, agresividad, impulsividad, dificultades para aceptar normas y conflictos persistentes en casa o en otros contextos.
TDAH y dificultades de atención y autorregulació
Evaluación de problemas de atención, hiperactividad e impulsividad y de su repercusión académica, familiar y social. Cuando procede, intervención psicológica y orientación a las familias para favorecer estrategias de organización, autocontrol y manejo de la conducta.
Dificultades escolares y de aprendizaje
Problemas de rendimiento académico, hábitos de estudio inadecuados, dificultades de organización y planificación, desmotivación escolar y problemas específicos que requieren una evaluación más detallada.
Problemas emocionales
Irritabilidad, inseguridad, sentimientos de culpa o inferioridad, baja tolerancia a la frustración, dificultades para identificar o expresar emociones y otros problemas emocionales que interfieren en el bienestar del menor.
Miedos y dificultades relacionadas con la ansiedad
Miedos excesivos o persistentes, ansiedad de separación, dificultades para dormir solo, timidez extrema, preocupación excesiva, evitación de determinadas situaciones o malestar relacionado con el colegio, las relaciones sociales u otras circunstancias.
Problemas en las relaciones sociales
Dificultades para hacer o mantener amistades, aislamiento, habilidades sociales deficitarias, miedo al rechazo, conflictos repetidos con compañeros o problemas de adaptación a grupos.
Acoso escolar y ciberacoso
Evaluación del impacto psicológico cuando existe bullying o ciberbullying y trabajo con el menor y su familia para afrontar sus consecuencias y recuperar progresivamente la seguridad y el funcionamiento cotidiano.
Problemas relacionados con la alimentación y la imagen corporal
Restricción alimentaria, atracones, preocupación excesiva por el peso o la figura, rechazo del propio cuerpo y otros cambios preocupantes en la relación con la alimentación, especialmente relevantes durante la adolescencia.
Control de esfínteres
Evaluación e intervención psicológica en problemas de enuresis y encopresis cuando, una vez considerados los factores médicos y evolutivos, resulta indicada la intervención psicológica.
Dificultades asociadas a cambios familiares o vitales
Separación de los padres, familias reconstituidas, nacimiento de hermanos, cambio de colegio o residencia, enfermedad o fallecimiento de personas cercanas y otras situaciones que pueden requerir un proceso de adaptación.
Conflictos familiares
Problemas persistentes en la convivencia, comunicación entre padres e hijos, escaladas de conflicto, dificultades para establecer normas y consecuencias o situaciones en las que resulta necesario modificar determinadas dinámicas familiares.
Una atención diferente en cada etapa del desarrollo
Un niño de seis años, uno de doce y un adolescente de diecisiete pueden presentar dificultades aparentemente similares, pero no se evalúan ni se tratan de la misma manera.
La edad, el momento evolutivo, la capacidad para comprender y expresar lo que ocurre, la autonomía y el papel de la familia cambian considerablemente a lo largo del desarrollo.
En los niños más pequeños, buena parte de la información procede de los adultos y la intervención puede requerir un trabajo importante con los padres. A medida que aumenta la edad, el menor adquiere un papel cada vez más activo en la evaluación, el establecimiento de objetivos y el propio tratamiento.
En la adolescencia prestamos además especial atención a cuestiones como la autonomía, la identidad, las relaciones sociales, la imagen corporal, la regulación emocional, la sexualidad, el uso de tecnologías y los comportamientos de riesgo, siempre teniendo en cuenta las características particulares de cada caso.
Evaluamos antes de intervenir
Antes de comenzar un tratamiento necesitamos comprender bien el problema.
La evaluación puede incluir entrevistas con los padres, entrevistas y sesiones con el niño o adolescente, observación de su comportamiento y, cuando resulta necesario, cuestionarios, registros u otros instrumentos de evaluación psicológica.
No nos interesa únicamente saber qué hace el menor, sino también cuándo sucede, qué ocurre antes y después, cómo reaccionan las personas de su entorno y qué factores pueden estar contribuyendo a que el problema continúe.
Esta información nos permite formular una explicación del problema y decidir junto con la familia qué objetivos conviene abordar y qué intervención puede resultar más adecuada.
Los padres también forman parte del proceso
La participación de los padres no significa atribuirles la responsabilidad del problema. Significa reconocer que la familia es uno de los contextos más importantes para el desarrollo y el aprendizaje durante la infancia y la adolescencia.
Dependiendo de la edad y del motivo de consulta, podemos trabajar con el menor, con los padres o combinar ambas formas de intervención.
En muchas ocasiones enseñamos a las familias estrategias concretas para manejar situaciones difíciles, establecer límites, reforzar comportamientos adecuados, favorecer la autonomía, mejorar la comunicación o responder de manera diferente ante determinados problemas emocionales o conductuales.
Cuando es necesario, nos coordinamos con otros profesionales
Los problemas infantiles y juveniles pueden manifestarse simultáneamente en diferentes ámbitos. Por eso, algunos casos requieren una visión multidisciplinar.
Cuando está indicado y contamos con la correspondiente autorización, podemos coordinarnos con profesores, orientadores escolares, pediatras, psiquiatras u otros profesionales sanitarios implicados en la atención del menor.
Esta coordinación resulta especialmente útil cuando existen dificultades académicas, problemas del neurodesarrollo, tratamientos farmacológicos u otras circunstancias que requieren actuaciones complementarias.
Tratamientos psicológicos adaptados a niños y adolescentes
Nuestro trabajo se basa en procedimientos psicológicos respaldados por la evidencia científica y adaptados a las características de cada etapa evolutiva.
La intervención puede incluir técnicas de modificación de conducta, entrenamiento a padres, exposición, entrenamiento en habilidades sociales, solución de problemas, regulación emocional, técnicas cognitivas y contextuales y otras estrategias cuya elección dependerá del análisis de cada caso.
Con los niños, además, la terapia debe utilizar un lenguaje y unas actividades adecuados a su edad. El juego, los ejercicios prácticos y otros recursos pueden formar parte de la intervención, pero siempre con objetivos terapéuticos definidos.
Psicología infantil y juvenil presencial en Madrid
Atendemos a niños, adolescentes y familias en nuestro centro sanitario situado en Glorieta de Bilbao, Madrid.
Si no sabes si lo que está ocurriendo requiere atención psicológica, puedes contarnos brevemente el motivo de consulta. Valoraremos la situación y te orientaremos hacia el profesional del equipo más adecuado para vuestro caso.