DEPRESIÓN Y ESTADO DE ÁNIMO 2022-10-06T13:35:53+00:00

¡Recupera la estabilidad anímica y siéntete bien contigo mismo/a!

Activa te acerca aún más a la psicología

En Activa somos conscientes de la complicada situación actual que estamos viviendo, y según parece, así podría continuar durante los próximos meses.

Por ello, desde Activa queremos promover el acceso a la salud mental con el lanzamiento de una promoción de otoño*. Te acercamos la psicología, contacta ahora con nosotros, especificando que lo haces a través de esta promoción, y podrás disfrutar de:

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*Aplicable en problemas de Ansiedad y Estrés, Adicciones, Pareja y Depresión en adultos. Aplicable en problemas de Ansiedad y Depresión en niños y adolescentes.

*Promoción válida hasta el 31 de diciembre de 2022.

¿Sientes que pierdes el control? ¿No paras de dar vueltas a las mismas cosas? ¿No duermes? ¿Te puede el agotamiento?

El 7% de las personas en España sufren problemas derivados de la ansiedad al menos una vez una en la vida.

¿Cuál es la razón? Es muy concreta y común, tu organismo percibe una amenaza que no sabe afrontar, así que necesita un poco de ayuda externa para encontrar el camino hacia la serenidad.

¿Quieres empezar a sentirte mejor cuánto antes?

Te entendemos muy bien, hemos tratado más 1.500 casos en 18 años y nuestro ratio de éxito es de un 85%. Contacta con Activa y en 10 semanas te sentirás mejor.

Con una evaluación personalizada y una estudiada terapia te aseguramos las habilidades necesarias para dominar positivamente tus preocupaciones y tus sensaciones físicas de ansiedad.

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1. Depresión mayor

¿Te sientes desde hace tiempo muy triste, vacío/a o irritable?, ¿has perdido las ganas de hacer cosas que antes te satisfacían?, ¿te notas excesivamente cansado/a y sin energía?, ¿te cuesta mucho concentrarte o pensar en lo que tienes que hacer?, ¿ha cambiado tu apetito?, ¿sufres insomnio o duermes demasiado?

Si identificas varios de estos síntomas durante más de dos semanas seguidas, es probable que sufras un trastorno depresivo mayor. Afecta aproximadamente al 5% de la población, siendo el doble de frecuente en mujeres que en varones, cifras que parecen estar aumentando en las últimas décadas y con un comienzo cada vez más temprano. El riesgo es más alto en edades comprendidas entre los 25-44 años, en personas que proceden de medios urbanos, que están desempleadas y en aquellas con antecedentes familiares depresivos.

La duración del trastorno depresivo mayor es variable, desde dos semanas hasta varios años. Presenta una elevada tendencia hacia la cronificación (15%) y la recurrencia (50-85%) si no se sigue tratamiento o si se interrumpe antes de tiempo, empeorando así el pronóstico.

Seguimos la terapia cognitivo-conductual, de eficacia bien establecida y considerada de elección por las guías de tratamientos eficaces. La evaluación suele completarse en 1-2 sesiones, se realiza mediante una entrevista clínica y, a veces, complementándola con la administración de autorregistros y cuestionarios (como el BDI – Inventario de Depresión de Beck, la DAS – Escala de Actitudes Disfuncionales, o el BADS – Escala de Activación Conductual para la Depresión).

Los pasos de la evaluación incluyen:

A) Identificar las manifestaciones depresivas, las características del entorno y la pérdida potencial de su capacidad reforzante, las actividades que se están llevando a cabo, las que se han abandonado, y el papel de familiares y amigos.

B) Elaborar un modelo explicativo que dé cuenta del origen y del mantenimiento del problema depresivo, que guiará el tratamiento.

C) Establecer los objetivos terapéuticos de común acuerdo con el paciente, en función de sus valores personales, sus metas y las actividades que dan sentido a su vida.

Las técnicas de tratamiento que suelen utilizarse incluyen:

1) Programación y estructuración de actividades significativas

2) Solución de problemas

3) Reforzamiento positivo directo

4) Entrenamiento en habilidades sociales

5) Métodos para favorecer el contacto directo con la experiencia

La terapia cognitivo-conductual ha demostrado una tasa de mejoría del 80% en el tratamiento de depresiones leves, moderadas y severas, siendo tan eficaz como la medicación antidepresiva. También ha demostrado su eficacia tanto en la fase aguda del tratamiento, como en la prevención de recaídas y de recurrencias. La duración de la terapia conllevaría un promedio de 12-16 sesiones.
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2. Baja autoestima

¿La inseguridad te dificulta tomar decisiones o realizar las acciones que consideras importante?, ¿detestas y rechazas muchas características de tu físico o de tu forma de ser? ¿te sueles comparar con los/as demás y sentirte inferior a ellos/as?

La autoestima consiste en cómo nos sentimos respecto a lo que pensamos y creemos de nosotros/as mismos/as. Sería, por tanto, la vertiente afectiva del autoconcepto. No depende tanto de cuáles sean nuestras características personales, físicas o relacionales, sino de la aceptación y valoración que tengamos ante ellas.

Se va construyendo desde la infancia a través de las múltiples interacciones con nuestro entorno familiar, social y educativo. En ella influyen los comentarios, opiniones y reacciones que se reciben de las personas que nos rodean, especialmente de aquellas que son más significativas como referentes, y que van asimilándose e interiorizando como propios.

La baja autoestima suele estar presente en múltiples problemas psicológicos, tanto en trastornos depresivos, como en trastornos de ansiedad, trastornos de la personalidad, trastornos de la conducta alimentaria, así como en problemas en las relaciones interpersonales.

Aproximadamente un 60% de la población adulta refiere baja autoestima, dando lugar a manifestaciones como indecisión, sentimiento de incapacidad e inferioridad, inseguridad, estado de ánimo bajo, miedo, aislamiento, entre otras.

Para la evaluación de la autoestima solemos emplear la entrevista clínica y, de manera complementaria, administramos cuestionarios (RES – Escala de Autoestima de Rosenberg, BFQ – Cuestionario de Personalidad “Big Five”, FES – Escala de Clima Familiar) y autorregistros. En 1-2 sesiones buscamos obtener información sobre:

A) Componentes cognitivos, afectivos y conductuales del concepto de uno mismo.

B) Rasgos y estilo de personalidad.

C) Estilo de comunicación y habilidades sociales

D) Funcionamiento y ajuste en el ámbito académico, laboral, familiar, social y de pareja.

Paso a paso, esta será la ruta a seguir en el tratamiento:

1) Reestructuración cognitiva: intervención sobre los pensamientos automáticos negativos y las creencias nucleares.

2) Promover la autoaceptación y autocompasión

3) Entrenamiento en habilidades de comunicación y asertividad

Diversos estudios publicados han mostrado la eficacia del tratamiento cognitivo conductual en la baja autoestima, contribuyendo a mejorar la sintomatología depresiva, la autonomía funcional y las relaciones interpersonales. El promedio de sesiones está entre 10-15.

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3. Suicidio

¿Estás pensando en desaparecer o en quitarte la vida?, ¿te sientes tan desesperado/a o angustiado/a que sólo encuentras alivio en la posibilidad de morir?, ¿no encuentras razones para seguir viviendo?, ¿crees que no hay otra salida para tu sufrimiento que dejar de vivir?

El suicidio es el acto deliberado de quitarse la propia vida. Generalmente, en la mayoría de los casos (85%) viene precedido por la ideación, intención y planificación del suicidio, de modo que el acto sería el último paso de una secuencia que comienza tiempo atrás cuando la persona comienza a sentirse desesperanzada, no halla alivio a su sufrimiento y deja de encontrar sentido a su vida. Por lo tanto, sería un estado de crisis de duración temporal, que suele estar acompañado de indicios y señales de alerta, y que puede tratarse si se detecta a tiempo, evitando así el acto suicida.

Si bien no hay diferencias socioeconómicas ni culturales en la propensión al suicidio, se sabe que es más frecuente en varones, a partir de los 40 años, en personas con una historia de intentos previos o antecedentes familiares de suicidio, y en personas que presenten una notable impulsividad, desesperanza y consumo de drogas. También es frecuente en trastornos psicológicos como el trastorno bipolar (20%), dependencia de alcohol (16,5%), trastorno depresivo (15%), esquizofrenia (10%) y algunos trastornos de personalidad (7%).

En la población general española se suicidan 11 personas cada día, lo que representa el 8,3 por cada 100.000 habitantes, de los que 2/3 son varones. Estas cifras han ido aumentando anualmente desde los últimos 40 años hasta la actualidad.

La evaluación del riesgo de suicidio la realizamos en la primera sesión, siguiendo una entrevista clínica para recabar la información necesaria, y complementándola, habitualmente, con la aplicación de algún cuestionario (SSI – Escala de Ideación Suicida, SIS – Escala de Intencionalidad Suicida, BHS – Escala de Desesperanza de Beck) o entrevista con allegados. Nos interesa obtener información sobre:

A) Las características de la ideación e intención suicida: motivos, planificación, accesibilidad, letalidad, implicación de otras personas.

B) Estado psicopatológico actual y problemas concurrentes

C) Apoyo sociofamiliar

E) Intentos previos, características y consecuencias.

F) Razones para vivir y alternativas al suicidio.

Estos son los pasos que seguimos en el tratamiento:

1) Empatizar con el sufrimiento y detectar las necesidades del paciente.

2) Alcanzar un pacto no suicida o un aplazamiento.

3) Generar esperanza, consensuando objetivos concretos.

4) Implicar a la familia, dando pautas de acompañamiento y contención.

5) Disminuir los factores de riesgo.

6) Reducir el nivel agudo de ansiedad, miedo o agitación.

7) Tratar el problema psicológico de base.

Según la Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida, publicada por el Ministerio de Sanidad, las terapias de corte cognitivo-conductual presentaron un efecto positivo sobre la conducta suicida en comparación con otros tratamientos, siendo considerado como un tratamiento bien establecido con evidencia empírica. Se recomiendan con una frecuencia semanal, al menos al inicio del tratamiento, que suele abarcar entre 5-20 sesiones.

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4. Duelo

¿Has perdido a un ser querido y no consigues asumir su ausencia?, ¿te resistes a desprenderte de pertenencias de la persona fallecida o a realizar cambios en tu vida?, ¿eres incapaz de recordar o hablar sobre tu ser querido sin llorar?, ¿evitas estar en lugares o hacer cosas que te recuerdan al fallecido/a?

El duelo es la reacción normal que experimentamos cuando sufrimos la pérdida de un ser querido. Su intensidad y manifestaciones van a depender de diversos factores, como el tipo de relación con la persona fallecida, las circunstancias en que se produjo el fallecimiento, la existencia de asuntos pendientes o sin resolver con el difunto, así como otras experiencias anteriores de duelo. Por lo general, el proceso de duelo va recorriendo varias fases, que pueden incluir la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación. En ocasiones, el doliente puede experimentar reacciones, como la tristeza profunda, dolor y pensamientos constantes sobre el fallecido, que se mantienen a largo plazo e interfieren en su vida cotidiana, dando lugar a un duelo complicado. Este problema es más probable si la persona fallecida es la pareja o hijos, si la muerte se ha producido de manera intencional o violenta, y ante la falta de apoyo social, afectando a un 22% de la población española.

Para la evaluación del duelo solemos emplear entre 1-3 sesiones, dependiendo de la gravedad y complejidad del caso. Utilizamos la entrevista clínica y cuestionarios (como el IDC – Inventario de Duelo Complicado, o el ITRD – Inventario de Duelo Revisado Texas) para completar la información, en la que nos centramos en conocer:

A) Manifestaciones del duelo: sentimientos, cogniciones, sensaciones físicas y conductas.

B) Historia del fallecimiento.

C) Estructura y funcionamiento familiar.

D) Necesidades individuales y familiares.

E) Problemas asociados y factores predictores de la complicación del duelo.

Para el abordaje del duelo normal ofrecemos un acompañamiento y asesoramiento psicológico, dirigido a la prevención de las complicaciones o cronificación del duelo, con el que se pretende promover el cumplimiento de las tareas que facilitan la elaboración del duelo:

1) Aceptar la realidad de la pérdida

2) Expresar las emociones y el dolor por la pérdida

3) Adaptarse a un mundo en el que el fallecido está ausente

4) Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo

Para el tratamiento de las complicaciones del duelo seguimos el Tratamiento del Duelo Complicado (CGT), que recoge como técnicas:

1) Exposición en imaginación y en vivo
2) Conversación imaginaria con la persona fallecida
3) Completar cuestionarios de recuerdos
4) Definición de metas personales

Las revisiones realizadas para evaluar la eficacia de la intervención terapéutica sobre el duelo complicado demuestran su eficacia (70%) en el alivio de los síntomas (estado de ánimo, ansiedad, tristeza, insomnio, esperanza e interferencia en el funcionamiento) tanto a corto como a largo plazo, aumentando significativamente el efecto positivo con el tiempo.

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5. Trastornos bipolares

¿Has pasado por períodos en los que te has sentido, sin motivo justificado, extremadamente eufórico/a, sociable o desinhibido/a?, ¿durante esas temporadas experimentabas tus pensamientos a gran velocidad, te costaba concentrarte y hablabas mucho más de lo habitual?, ¿te sentías con tanta energía y capacidades que te creías capaz de llevar a cabo actividades que, en condiciones normales, serían disparatadas?, ¿has alternado otros períodos en los que te encontrabas, sin causa aparente, muy apático/a, vacío/a, cansado/a, y con ganas de aislarte?

Los trastornos bipolares son alteraciones del estado de ánimo caracterizadas por la aparición de fases depresivas, maníacas, hipomaníacas o mixtos, que suelen alternarse cíclicamente, con periodos de estabilidad entre medias. En las fases depresivas es habitual el sentimiento de vacío, la apatía, el cansancio, el retraimiento y las alteraciones del sueño. En las fases maníacas o hipomaníacas, el ánimo se vuelve eufórico, expansivo e irritable, y es característica la disminución de la necesidad de sueño, el aumento desmedido de la autoestima, energía y actividades.

Estos trastornos afectan al 1-2% de la población, son de naturaleza crónica y constituyen la sexta causa de discapacidad mundial, aunque siguiendo un tratamiento adecuado suelen mantenerse estabilizados y permiten llevar una vida enteramente normal. En su aparición influye la predisposición genética (es más frecuente entre familiares biológicos) y como detonantes suelen encontrarse estresores, privación de sueño o consumo de drogas.

Para su evaluación solemos utilizar la entrevista clínica, complementada con la aplicación de cuestionarios (el BDI – Inventario de Depresión de Beck, el MDQ – Cuestionario de Trastornos del Humor, o el HCL-32 – Listado de Síntomas de Hipomanía), autorregistros, y entrevista con allegados, que llevaría entre 2-3 sesiones. Nos interesa obtener información sobre:

A) Síntomas actuales (anímicos, cognitivos, conductuales, interpersonales y físicos) y conciencia de problema.

B) Episodios anteriores, tratamientos seguidos y resultado

C) Presencia de otros trastornos psicológicos asociados

D) Hábitos tóxicos

E) Sucesos estresantes

F) Antecedentes familiares de trastornos afectivos

El tratamiento psicológico de elección que utilizamos es la psicoeducación y terapia cognitivo-conductual, que incluye los siguientes componentes:

1) Conocimiento y conciencia del problema

2) Facilitar la adherencia al tratamiento farmacológico y su seguimiento

3) Evitar el abuso de sustancias

4) Aprender a detectar precozmente nuevos episodio

5) Adquirir regularidad de hábitos y manejo del estrés

El porcentaje de eficacia puede llegar hasta el 80%, mostrando beneficios en la reducción de la depresión y manía, menor número de recaídas y recurrencias, y mejores niveles de funcionamiento. El número de sesiones suele estar comprendido entre 8-30.

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