Síndrome de Tourette, tics y problemas asociados 2026-09-27T18:51:07+00:00

Comprender los tics y aprender a manejarlos cuando interfieren en la vida del niño o adolescente

Los tics son movimientos o vocalizaciones breves, repetitivos y difíciles de controlar voluntariamente. Suelen aparecer durante la infancia y es habitual que cambien con el tiempo, de manera que algunos desaparezcan, aparezcan otros nuevos o aumenten y disminuyan en frecuencia e intensidad.

Parpadear repetidamente, hacer movimientos con la cara o la cabeza, encoger los hombros, carraspear, emitir sonidos o repetir determinados movimientos son algunos ejemplos. Tener tics no significa necesariamente presentar un síndrome de Tourette: existen diferentes trastornos de tics y su repercusión puede ser muy distinta de un niño a otro.

En muchos casos son leves y no interfieren significativamente en la vida cotidiana. En otros, pueden producir dolor, dificultades escolares, vergüenza, rechazo social o un malestar importante. Además, problemas como el TDAH, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), la ansiedad o las dificultades de regulación emocional pueden aparecer asociados y llegar a generar tanta o más interferencia que los propios tics.

Activa Psicología colabora desde 2011 con la Asociación Madrileña de Pacientes y Afectados por el Síndrome de Tourette y Trastornos Asociados (AMPASTTA), siendo su centro psicológico de referencia en la atención integral de las dificultades conductuales, emocionales, y cognitivas que presentan los pacientes, así como las necesidades de sus familiares.

Realizamos evaluación y tratamiento psicológico de niños y adolescentes con tics y síndrome de Tourette, adaptando la intervención a las características y necesidades de cada caso.

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1. Tics motores y vocales

¿Tu hijo parpadea repetidamente, hace muecas, mueve la cabeza o los hombros de manera reiterada? ¿Carrapea, tose o emite sonidos que parecen difíciles de controlar? ¿Los tics cambian con el tiempo o aumentan en determinadas situaciones?

Los tics pueden ser motores o vocales.

Los tics motores incluyen movimientos como parpadear, hacer muecas, mover la cabeza, encoger los hombros, tensar determinadas partes del cuerpo, tocar objetos o realizar secuencias de movimientos.

Los tics vocales pueden manifestarse mediante carraspeos, tos, aspiraciones, gruñidos, chillidos, repetición de sonidos o palabras y otras vocalizaciones.

También pueden distinguirse tics simples, que consisten en movimientos o sonidos relativamente breves, y tics complejos, en los que aparecen secuencias más elaboradas.

Una de sus características es su variabilidad. Pueden aumentar o disminuir dependiendo del momento y del contexto, y es frecuente que unos tics desaparezcan y sean sustituidos por otros.

Los tics no son comportamientos que el niño realice deliberadamente. Por eso, no debemos interpretar que hace un tic para llamar la atención, molestar o desafiar a los adultos.

Muchas personas experimentan antes del tic una sensación corporal o una necesidad creciente de realizarlo, denominada urgencia premonitoria. Hacer el tic puede aliviar temporalmente esa sensación.

Algunos niños y adolescentes consiguen suprimir determinados tics durante un tiempo. Sin embargo, poder contenerlos temporalmente no significa que sean voluntarios ni que puedan simplemente decidir dejar de tenerlos.

Regañar al niño, pedirle continuamente que pare o llamar constantemente la atención sobre los tics puede aumentar su malestar y convertir el problema en una fuente adicional de conflicto.

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2. Síndrome de Tourette

¿Tu hijo presenta diferentes tics motores y también vocales? ¿Llevan apareciendo más de un año aunque hayan ido cambiando? ¿Te preocupa que pueda tratarse de un síndrome de Tourette?

El síndrome de Tourette es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por la presencia, a lo largo de su evolución, de múltiples tics motores y uno o más tics vocales, con inicio durante el desarrollo y persistencia superior a un año.

Esto no significa que todos tengan que aparecer simultáneamente ni que permanezcan siempre iguales.

Su intensidad es muy variable. Algunos niños presentan tics apenas perceptibles y con poca repercusión, mientras que en otros interfieren significativamente en su bienestar o en su funcionamiento familiar, escolar o social.

Los tics suelen fluctuar y en muchos casos disminuyen durante la adolescencia, aunque no es posible predecir exactamente su evolución en cada persona.

No todos los tics necesitan tratamiento.

Cuando son leves y no producen dolor, sufrimiento o una interferencia significativa, puede ser suficiente proporcionar información al niño y a su familia, orientar al colegio cuando resulte necesario y observar su evolución.

El tratamiento resulta especialmente recomendable cuando los tics:

  • producen dolor o lesiones;
  • interfieren en el aprendizaje o las actividades cotidianas;
  • dificultan las relaciones sociales;
  • provocan vergüenza o malestar significativo;
  • dan lugar a burlas, rechazo o acoso;
  • o afectan significativamente a la calidad de vida.

Por tanto, la decisión de intervenir debe depender fundamentalmente de la repercusión que tienen los tics en la vida del niño, y no simplemente de lo llamativos que resulten para los demás.

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3. TDAH, TOC y otros problemas asociados

¿Además de los tics existen dificultades de atención o impulsividad? ¿Tu hijo necesita repetir determinados comportamientos hasta sentir que están «bien»? ¿Presenta ansiedad, irritabilidad o dificultades para regular sus emociones?

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) aparece con frecuencia asociado a los trastornos de tics.

En estos casos pueden existir dificultades para mantener la atención, organizarse, controlar impulsos o regular el comportamiento.

Es importante no atribuir automáticamente estas dificultades al Tourette. En algunos niños, el TDAH puede producir mayor interferencia académica, familiar o social que los propios tics.

Cuando ambos problemas están presentes, valoramos cuáles están produciendo mayor repercusión para establecer adecuadamente las prioridades del tratamiento.

También existe una asociación entre los trastornos de tics y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).

En ocasiones puede resultar difícil diferenciar determinadas compulsiones de los tics complejos. Algunos niños sienten, por ejemplo, la necesidad de repetir una acción hasta conseguir una sensación de que está «bien», «completa» o «como tiene que estar».

Distinguir correctamente ambos fenómenos es importante porque los tics y las compulsiones requieren procedimientos de tratamiento diferentes.

Cuando existe un TOC asociado, la exposición con prevención de respuesta (EPR) constituye uno de los tratamientos psicológicos de elección.

También pueden aparecer ansiedad, dificultades de regulación emocional, problemas de comportamiento, alteraciones del estado de ánimo o dificultades sociales y de aprendizaje.

No debemos asumir que cualquier problema psicológico que presente un niño con Tourette forma parte necesariamente del síndrome.

Evaluamos cada dificultad por separado para determinar qué relación mantiene con los tics, qué repercusión está produciendo y si requiere una intervención específica.

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4. Evaluación psicológica

La evaluación no consiste únicamente en contar cuántos tics aparecen.

Nos interesa conocer qué tics presenta el niño, cuándo comenzaron, cómo han evolucionado, en qué situaciones aumentan o disminuyen, si existen urgencias premonitorias y qué repercusión tienen en su vida cotidiana.

También valoramos cómo reaccionan ante ellos el propio menor, su familia, los profesores y los compañeros, así como la posible existencia de evitación, vergüenza, intentos excesivos de control u otras respuestas que puedan aumentar la interferencia.

Dependiendo del caso, podemos utilizar entrevistas clínicas, registros y escalas específicas para valorar las características, intensidad y repercusión de los tics.

La evaluación incluye también la detección de posibles problemas asociados, especialmente TDAH, TOC, ansiedad, dificultades emocionales, conductuales, sociales o de aprendizaje.

Cuando resulta necesario confirmar el diagnóstico, valorar un tratamiento farmacológico o descartar otros problemas médicos, coordinamos la intervención con Pediatría, Neurología, Psiquiatría u otros profesionales sanitarios.

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5. Tratamiento psicológico de los tics: CBIT

Una de las intervenciones psicológicas con mayor respaldo científico para los tics es la Intervención Conductual Integral para Tics (CBIT).

El objetivo no consiste en pedir al niño que haga un esfuerzo para «dejar de tener tics».

El tratamiento comienza ayudándole a identificar con mayor precisión sus tics y las sensaciones que pueden precederlos. Posteriormente aprende y practica una respuesta alternativa que puede utilizar cuando detecta la urgencia de realizar el tic.

Este procedimiento, conocido como entrenamiento en reversión del hábito, se complementa con el análisis de las situaciones y circunstancias en las que los tics aumentan o disminuyen y con estrategias dirigidas a modificar aquellos factores que puedan estar influyendo sobre ellos.

La intervención se adapta a la edad del niño, sus características y los tics que estén produciendo una mayor interferencia.

El objetivo del tratamiento no tiene por qué ser la desaparición completa de todos los tics.

Buscamos fundamentalmente:

  • reducir la frecuencia, intensidad o interferencia de los tics que resulten más problemáticos;
  • aumentar la capacidad del niño para reconocerlos y manejarlos;
  • disminuir el malestar y las limitaciones asociadas;
  • tratar los problemas psicológicos que puedan coexistir;
  • y evitar que los tics condicionen innecesariamente su vida.

Las principales guías clínicas consideran CBIT una de las intervenciones de primera elección cuando los tics requieren tratamiento.

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6. Familia, colegio y tratamiento multidisciplinar

La respuesta de las personas que rodean al niño puede influir considerablemente en la repercusión de los tics.

Ayudamos a padres y profesores a comprender su naturaleza, evitar castigos o correcciones innecesarias y diferenciar los tics de comportamientos que están sometidos a un mayor control voluntario.

En el colegio pueden ser necesarias algunas adaptaciones cuando los tics interfieren en determinadas tareas o cuando el esfuerzo por contenerlos dificulta la concentración.

También resulta especialmente importante intervenir cuando aparecen burlas, rechazo o acoso.

El objetivo no es conseguir que el niño parezca no tener tics para evitar incomodar a los demás, sino reducir su interferencia y favorecer una participación normal en la vida escolar, familiar y social.

Cuando los tics producen una interferencia importante, pueden utilizarse tratamientos conductuales y, en determinados casos, tratamiento farmacológico.

La elección depende de la intensidad de los síntomas, su repercusión, los problemas asociados, las características del menor y otros factores clínicos.

Los medicamentos pueden reducir los tics en algunas personas, pero no existe un fármaco que funcione igual para todos ni el objetivo debe ser necesariamente eliminarlos completamente.

La indicación, prescripción y seguimiento del tratamiento farmacológico corresponden al médico especialista.

Cuando está indicado, en Activa podemos coordinar la intervención psicológica con nuestro servicio de Psiquiatría o con los profesionales médicos que ya estén atendiendo al menor.

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