CUANDO INTENTAR TENERLO TODO BAJO CONTROL AUMENTA LA ANSIEDAD

Todos necesitamos sentir cierto control sobre nuestra vida. Organizamos la agenda, hacemos planes, anticipamos problemas y tratamos de tomar buenas decisiones. Hasta aquí, nada extraño. El problema aparece cuando sentirnos tranquilos empieza a depender de estar seguros de lo que va a ocurrir.

«¿Y si sale mal?», «¿y si me equivoco?», «¿y si ocurre algo y no estoy preparado?». Cuando estas preguntas aparecen de forma repetida, es fácil entrar en una dinámica de preocupación constante: repasamos mentalmente las posibilidades, buscamos información, pedimos opinión a otras personas o intentamos anticiparnos a cualquier contratiempo.

Paradójicamente, cuanto más intentamos eliminar la incertidumbre, más importante y amenazante parece.

¿Por qué necesitamos sentir que tenemos el control?

La capacidad para anticiparnos es enormemente útil. Nos permite prepararnos para un examen, organizar un viaje o valorar las consecuencias de una decisión. Nuestro cerebro trata continuamente de predecir lo que puede ocurrir y ajustar nuestro comportamiento.

Pero hay una diferencia importante entre resolver un problema que podemos afrontar y preocuparnos por algo que no podemos resolver en este momento.

Imaginemos que mañana tenemos una entrevista de trabajo. Podemos informarnos sobre la empresa, preparar algunas respuestas y llegar con tiempo. Todo eso son acciones concretas.

Sin embargo, podemos continuar pensando: «¿Y si me quedo en blanco?», «¿qué impresión daré?», «¿y si hay alguien mucho mejor preparado que yo?». A partir de cierto punto ya no estamos preparándonos para la entrevista. Estamos intentando conseguir una garantía que sencillamente no existe.

La trampa de la preocupación

Preocuparse puede producir una sensación momentánea de estar haciendo algo. Pensamos, analizamos escenarios, buscamos explicaciones… y eso puede darnos durante unos minutos cierta impresión de control.

El alivio, sin embargo, suele durar poco.

Aparece una nueva duda y volvemos a empezar. Algunas personas comprueban varias veces lo que han hecho; otras preguntan repetidamente a familiares o amigos qué opinan; otras buscan durante horas información en Internet. También podemos evitar tomar una decisión hasta estar completamente seguros.

Sin darnos cuenta, aprendemos algo peligroso: «Para poder estar tranquilo, primero tengo que eliminar la duda».

Y como la vida rara vez ofrece certezas absolutas, la búsqueda de seguridad puede acabar ocupando cada vez más espacio.

¿Pensar menos es la solución?

No necesariamente. Tampoco se trata de obligarnos a «pensar en positivo» o repetirnos que todo va a salir bien. Eso sería otra forma de intentar controlar lo que pensamos y sentimos.

Una alternativa más útil consiste en aprender a distinguir entre aquello sobre lo que podemos actuar y aquello que, al menos por ahora, tendremos que aceptar que no sabemos.

Podemos preguntarnos: ¿hay algo concreto y útil que pueda hacer ahora respecto a esto?

Si la respuesta es sí, podemos hacerlo. Si la respuesta es no, continuar dándole vueltas probablemente no nos acerque a ninguna solución.

Aprender a tolerar cierta incertidumbre implica también permitir que aparezcan pensamientos desagradables sin tener que responder inmediatamente a ellos. Un pensamiento como «podría equivocarme» puede estar presente y, aun así, podemos tomar una decisión y continuar con nuestro día.

Vivir también implica no saber

No podemos saber con absoluta seguridad cómo evolucionará una relación, si acertaremos con una decisión profesional, qué pensarán los demás de nosotros o si dentro de unos meses las cosas serán como esperamos.

Aceptar esto no significa resignarse ni dejar de planificar. Significa invertir nuestros esfuerzos allí donde nuestras acciones pueden marcar una diferencia y aprender a convivir con la parte de incertidumbre que inevitablemente acompaña a la vida.

Cuando la preocupación ocupa varias horas al día, interfiere con el sueño, dificulta tomar decisiones, provoca evitaciones o hace que necesitemos constantemente comprobar o pedir tranquilidad a los demás, puede ser conveniente solicitar ayuda profesional.

En terapia psicológica no buscamos conseguir una vida en la que nada genere incertidumbre. Trabajamos para que la necesidad de sentir seguridad no termine decidiendo cómo vivimos.

José Antonio Tamayo Hernández

Psicólogo sanitario colegiado nº: M-18960.

By | 2026-09-11T07:54:32+00:00 septiembre 11th, 2026|Blog|0 Comments

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