LA TERAPIA PROVOCATIVA: EL TERAPEUTA COMO ABOGADO DEL DIABLO

El pasado viernes 10 de diciembre, tuvimos el honor de contar con Federico Sarink en nuestro centro y continuar con nuestra formación en Terapia Provocativa, de la mano del fundador de esta terapia en nuestro país y autor del libro: “La Terapia Provocativa: El terapeuta como abogado del diablo”, primer libro escrito en castellano sobre esta terapia.

En nuestra formación, no faltaron los role-playings, los debates, las exposiciones de casos y, por supuesto, la teoría sobre la que se sustenta toda esta terapia, tan diferente a la que la mayoría de los psicólogos estamos acostumbrados.

En su libro, Federico expone los 9 supuestos que conforman la Terapia Provocativa, a través de casos y experiencias reales.

El primero de estos supuestos: “¡Si quieres que el burro avance, tienes que tirarle de la cola!” es la premisa más fácil de la que parte la técnica más reconocible de esta terapia. Esta premisa, está basada en las hipótesis centrales de Frank Farrelly, el fundador de la Terapia Provocativa, siendo la primera de ellas: “Si el paciente es provocado por el psicólogo (con buena comunicación, con humor y conectando con las vivencias del paciente), el paciente se moverá en la dirección opuesta a la definición que el psicólogo ha dado a éste como persona.”

Pero, quizás ahora surja la siguiente duda: ¿Cuándo y cómo debo provocar para no ofender al paciente y que este abandone la terapia?

El segundo supuesto que Federico Sarink define en su libro es: “El desafío crea una relación”. Además, la gente es más flexible de lo que pueda parecer a primera vista. Sin embargo, esto no significa que lo único que deba hacer el terapeuta sea provocar a su paciente.

De esta forma, resulta imprescindible combinar el buen contacto (empatía) y el humor junto con el desafío. De otro modo, el desafío podría transformarse en algo improductivo e incluso agresivo.

En otras muchas corrientes psicológicas más tradicionales vemos que el terapeuta pone el foco de forma casi exclusiva en el buen contacto con el paciente y, por eso, no se atreve a desafiarle nunca. La clave, por tanto, es combinar estos tres elementos, dándose un equilibrio entre ellos que Federico Sarink define en su libro como: “La Postura Básica de la Terapia Provocativa.”

La buena provocación sólo ocurre en el área donde estos tres ingredientes se juntan. Pero de vez en cuando resulta necesario acentuar alguno de estos tres elementos.

Otro supuesto muy importante que no debemos perder de vista es que: “La gente ríe más pronto de lo que pensamos”. Este es el quinto supuesto que Federico expone en su libro, que viene a decirnos que la gente quiere y necesita reír. Reír es un antídoto para el dolor y el malestar experimentado.

En línea con este planteamiento, Eliyahu Rosenheim (American Journal of Psychotheraphy, 1974) afirma que el humor puede ayudar a un paciente a expresar sus emociones complicadas y le ayuda a observarse a sí mismo en sus relaciones con otros de manera más exacta. Además, el humor genera intimidad, humanidad y un planteamiento más directo en las sesiones. Gracias a él, el terapeuta y el paciente pueden establecer una relación terapéutica más fuerte.

Por tanto, no tengamos miedo a usar el humor y la provocación en terapia, aunque estos elementos siempre deben ir acompañados del buen contacto y de la empatía, para lograr el efecto deseado y generar el cambio esperado en el paciente de una forma provocativa.

 

Inés Laso Castelo

Psicóloga General Sanitaria, nº col. M-36991

 

Referencias:

Sarink, F. (2019). La Terapia Provocativa: El Terapeuta como Abogado del Diablo. Formación Alcalá (Jaén).

Por | 2021-12-21T12:51:28+00:00 diciembre 21st, 2021|Blog|Sin comentarios

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