Violencia III: Violencia en personas mayores

Según un estudio realizado con fuentes oficiales en 28 países por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2017 una de cada seis personas mayores de 60 años sufrió algún tipo de maltrato. Teniendo en cuenta la estimación de que solo se denuncian uno de cada 24 casos, podemos pensar que el maltrato a personas mayores es mucho más frecuente de lo que se encontró con este estudio.

Consideramos como maltrato a personas mayores cualquier acto que cause un daño físico, sexual, económico o psicológico a una persona mayor de 60 años o que no lo evita teniendo conocimiento de la situación, y por supuesto cualquier tipo de abandono o negligencia que perjudique la dignidad de la persona. La gran mayoría de los casos se dan en entornos de confianza de la víctima como pueden ser el domicilio (familia o personas que están a su cargo) o instituciones como residencias u hospitales.

Hay diversos factores que convierten a este colectivo en uno de mayor riesgo, pero sin duda el más indicativo es su situación de dependencia. Cuanto más dependiente sea una persona mayor, más aumenta el riesgo de que sea víctima de algún tipo de maltrato. Una mala condición de salud o de movilidad que obligue a la persona a depender de otra que le cuide o le ayude, le sitúa en un estado de total indefensión respecto a su agresor.

El maltrato físico para estas personas supone un alto riesgo para su salud. Lesiones de relativa poca gravedad pueden acarrear consecuencias nefastas debido a la mayor fragilidad de sus huesos y al mayor tiempo de recuperación que precisan, pudiendo llegar a causar discapacidades irreversibles. Según la OMS, un estudio demostró que una persona anciana que es víctima de maltrato tiene el doble de probabilidades de morir que una que no ha sufrido maltrato.

Los efectos psicológicos del maltrato también pueden llegar a ser muy graves provocando trastornos de ansiedad o depresión e incluso acelerando procesos de demencia. Estos efectos en personas mayores pasan muy desapercibidos debido a prejuicios establecidos sobre la vejez. No debemos normalizar procesos de ansiedad o depresión en personas mayores solo por el hecho de serlo o presuponiendo que sus quejas son producto de una demencia. Además, es habitual que las personas mayores justifiquen o minimicen los efectos del maltrato, sobre todo cuando vienen de personas de su confianza. Debemos actuar como lo haríamos con una persona de otra edad: pedir ayuda profesional cuando notemos estos síntomas y proporcionar confianza y seguridad a la persona para poder contarnos lo que le sucede.

Todos sabemos que el trabajo del cuidador es muy duro, tanto el del cuidador informal (por ejemplo, un familiar) como el formal de un trabajador. Según la OMS, dos de cada tres trabajadores de residencias y otras instituciones confesaban haber infligido maltrato durante el 2017. Por ello es muy importante que las personas que están a cargo de personas dependientes, en este caso personas mayores, lleven a cabo tareas de autocuidado. Gestionar el estrés, respetar la necesidad de descansos y pedir ayuda cuando se necesite deben ser pilares fundamentales en el trabajo de un cuidador ya que nada justifica terminar ejerciendo violencia sobe un colectivo vulnerable que demanda tanta ayuda y atención.

¿Qué debemos hacer si detectamos un caso de malos tratos o abandono a personas mayores? Debemos notificarlo a quien corresponda (por ejemplo, a un familiar si el agresor es un trabajador) y, si es necesario, denunciarlo ya que, al igual que en el caso de los menores, se trata de personas en estado de indefensión que muy probablemente no puedan salir de la situación por sí mismas y los servicios sociales puedan intervenir. Por supuesto, si existe la posibilidad, es conveniente crear un clima de confianza donde la persona mayor pueda contarnos la situación que vive y ofrecerle nuestra ayuda. Lo mismo si detectamos la situación de un cuidador que no esta llevando a cabo bien su trabajo debido a una mala gestión del estrés o a no estarse cuidando adecuadamente. En este caso, tanto la víctima como el posible agresor pueden necesitar ayuda psicológica profesional para lograr una mayor calidad de vida.

Escarlata Patier Llop

 

 

 

Por | 2020-01-15T21:18:55+00:00 enero 16th, 2020|Blog|Sin comentarios

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