Pérdida de un familiar para un menor durante la pandemia

La pérdida de un ser querido nunca resulta fácil y normalmente compartirlo con los más pequeños tampoco. El confinamiento puede estar dificultando las tareas de duelo e impidiendo que nos podamos despedir de nuestros seres queridos. Imaginemos que, si para nosotros puede ser más duro y difícil, para los menores puede resultar muy confuso.

A las preguntas habituales sobre qué es la muerte y sobre dónde está el ser querido que ha fallecido, los más pequeños ahora sumarán dudas sobre cuándo van a poder verlo o despedirse y por qué está pasando todo así. Ayudará que estén informados, en la medida de lo posible, de la situación actual respecto al Covid 19 y las limitaciones que tenemos.

Aunque en cada etapa evolutiva suele tenerse un concepto de la muerte distinto, no debemos tener solo en cuenta la edad del menor, sino que es mejor preguntarle y escuchar qué conoce o qué piensa al respecto. Adaptaremos nuestras respuestas a sus preguntas en función de su madurez y su conocimiento previo, adaptando el lenguaje que usamos, pero es fundamental que siempre dejemos claros los siguientes conceptos:

Todos los seres vivos mueren (la muerte es universal): ante preguntas sobre si los animales, nosotros o ellos vamos a morir es importante no mentir, pero tampoco recurrir a una verdad cruel. Debemos expresar que, si bien eso puede pasar, no va a ser ahora, sino dentro de mucho tiempo y que siempre va a haber alguien que le cuide.

Cuando morimos nunca volvemos a estar vivos (la muerte es irreversible): el objetivo es que entiendan que no es un estado temporal. En sus juegos la muerte aparece como algo reversible, como en los videojuegos o los dibujos animados (los personajes pueden morir durante un rato, pero luego resucitan, tienen más vidas o se despiertan). Más allá de las creencias que queramos transmitirles, es importante dejar clara la idea de que nunca volverá a estar vivo de la manera en que lo estaba antes de fallecer y evitar recurrir a frases como “está dormido” o “está en otro lugar” que puedan resultarle confusas.

Cuando morimos el cuerpo ya no funciona (las funciones vitales terminan): es habitual que los niños se preocupen por lo que pueda estar sintiendo la persona fallecida (si tendrá frío sin su abrigo, si podrá ver sin sus gafas, etc.). Al decirle a los niños que la persona fallecida puede vernos y cuidarnos desde otro lugar, podemos confundirlos, sobre todo si son muy pequeños. Es recomendable dejar claro que ya no tendrán funciones corporales como nosotros, pero siempre estarán “vivos” en nuestro recuerdo o en la parte más emocional.

Todas las muertes tienen un por qué: lo más importante es que sepan que siempre hay una causa física para la muerte o su pensamiento mágico podrá elaborar teorías sobre si algo que han pensado o deseado ha podido provocarlo o si puede morir por estar dormido y desarrollar miedo. Según la madurez y la causa real del fallecimiento de nuestro ser querido, podremos dar más información, pero la más básica debe ser que las personas morimos cuando somos muy muy mayores o estamos muy muy enfermas. Debemos hacer hincapié en ello y evitar expresiones como “estar malito” ya que pueden provocar una vez más miedo y confusión.

Ante todo, debemos mostrar total sinceridad, el niño puede comprender que nosotros tampoco sabemos muy bien lo que pasa cuando morimos y se sentirá incluido en el proceso que estamos viviendo. Mostrarnos abiertos a responder cualquier pregunta y a acompañarlos en su tristeza ayudará a facilitar el duelo, a fomentar su confianza y a prevenir miedos o dudas. No todos comprendemos la muerte de la misma manera, ni siquiera entre los mismos adultos, por tanto, aunque nosotros podamos explicarles cosas a los menores, tenemos que entender que ellos también seguirán desarrollando sus propias teorías o manteniendo algunas de sus fantasías.

Es recomendable que el niño a partir de los 6 años (siempre valorando en función de su madurez) pueda participar en los ritos de despedida de los adultos si así lo desea. Esto facilitará, al igual que hace con los adultos, que interiorice la pérdida y elabore su duelo. En este momento en que no estamos pudiendo realizarlos con normalidad podemos sustituirlo con actos simbólicos en casa como hacerle un dibujo, escribirle una carta o preparar un pequeño detalle con el fin de que en algún momento tras el confinamiento puedan llevárselo a un lugar simbólico donde despedirse (el cementerio, el lugar donde esparzamos las cenizas o un lugar especial que elijamos).

Si tienes dudas sobre como manejar la situación con tu hijo o hija o necesitas alguna pauta más concreta, siempre puedes recurrir al consejo personalizado de un profesional.

Escarlata Patier Llop

Psicóloga sanitaria col. nº M-34.027

Por | 2020-04-29T18:25:41+00:00 abril 30th, 2020|Blog|Sin comentarios

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