ME QUIERE O NO ME QUIERE. SOY O NO SOY YO

Estamos acostumbrados a movernos por inercia. Esta fuerza centrífuga, que bloquea en gran medida la capacidad de respuesta, determina aquella conducta descrita como dejarse ir. A veces, esto implica permanecer en el anonimato dentro del propio sentido de la identidad. Sin embargo, a pesar de la costumbre, hay momentos en que se pide a gritos salir airosos de ese arrastre.

Dada la tendencia humana a la repetición, a quedarse en una zona de confort, aunque esto provoque otro tipo de molestias, sería bueno conocer otros modos de actuar que nos hagan sentir más genuinos que el hábito de seguir. Este paso, el del cambio destinado a tomar las riendas de nuestra vida, se hace más complicado cuando hablamos de la pareja. En este caso, son dos sujetos en acción que se mueven (o quizás no) hacia un lado o hacia otro, así que… ¿dónde podrán coincidir?

Zinker (1977) señala que el encuentro entre dos personas, tal como es el hecho de asistir a psicoterapia, genera un proceso creativo. Todo se inicia a partir de la intención de cambiar algo en que reparamos que no va bien. El psicoterapeuta proporciona un espacio de experimentación para posicionar al paciente hacia la búsqueda de su crecimiento. Esta posibilidad que se efectúa en terapia se ha denominado “experimento”. De esta forma, se le pedirá expresar aquello que le preocupa o que necesita ser puesto en evidencia, para intervenir en ello y transformar la manera en que conduce algunas de sus acciones.

El “experimento” se alimenta de la curiosidad, la tendencia humana a la exploración, aquello que hacemos de forma automática cuando nacemos. El aprendizaje vendrá de la mano del propio movimiento, como si uno fuera al mismo tiempo alumno y profesor, cuando empieza a ver qué necesita y por dónde quiere pasar al romper la resistencia para reinventarse. Esto es posible.

El psicoterapeuta ayudará ante la pérdida del equilibrio, producto de la reproducción de un ciclo insistente de malestar, pero serán los que acuden a terapia quienes salgan de allí. El experimento creativo (Zinker, 1977) identifica y sitúa la línea desde la que uno puede desarrollarse y desde donde puede ver quién es.

Muchas veces, partes de nosotros quedan ocultas a nuestra propia consciencia y el problema se presenta al no comprenderse de forma completa. Quizás sea porque parecen ideas inadmisibles, pero en ocasiones, estas piezas son puntos opuestos del autoconcepto que pueden existir en el otro, e incluso atraer y unir a ambos miembros de una pareja. Cuando uno se opone a esta parte de sí mismo, que se esconde dentro pero que al mismo tiempo distingue en el otro, genera conflicto entre los dos.

Con ayuda de la psicoterapia, la pareja puede construir una relación que creció fragmentada, pero desde una perspectiva conjunta que perciba diferente y auténtica. En definitiva, pueden cimentar la expresión de sus afectos a través de miradas que se comprendan, incluso conociendo todas aquellas contradicciones que generalmente quedan relegadas al olvido, pero que forman parte del contexto en que ambos se sienten.

Ana Muñoz Vélez
Licenciada en Psicología

Referencia
Zinker, J. (1977). El proceso creativo en la terapia gestáltica. Paidós.

Por | 2020-12-10T11:47:46+00:00 diciembre 10th, 2020|Blog, Uncategorized|Sin comentarios

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