El Mindfulness

“Solo existen dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y principalmente vivir”

Dalai Lama

 

Mindfulness, también conocido como atención plena, es una técnica que tiene su origen en diferentes corrientes de meditación derivadas de la tradición budista. Por tanto, no es una práctica novedosa, puesto que su base cuenta con miles de años de historia, aunque su aplicación en la Psicología sí resulta novedosa y cada vez está ganando más presencia a lo largo de las últimas décadas. Consiste en observar la realidad en el momento presente, sin intenciones de juzgar y con plena apertura y aceptación. Como práctica nos permite asumir cada uno de nuestros pensamientos y emociones, sean cuales sean, sin juzgarlos. También posibilita identificar en cada ocasión nuestras propias sensaciones, emociones y pensamientos.

Los componentes básicos del mindfulness son los siguientes:

 

  • Atención al momento presente: Consiste en centrar nuestra atención en lo que estamos haciendo, en lugar de estar pendientes del pasado (rumiaciones) o del futuro (expectativas, deseos y temores).
  • Apertura a la experiencia: Observar la experiencia, sin emitir ningún tipo de juicio. En otras palabras, consiste en observar y participar de la experiencia como si fuera la primera vez, lo que en mindfulness se conoce como mente de principiante. También implica apertura a la experiencia negativa, no sólo hacia los eventos
  • Aceptación: Comprende experimentar los eventos plenamente, tal y como son, sin oponer resistencia. Al tratar de evitar experiencias desagradables, como el malestar o la tristeza, se desarrollan conductas que, si bien nos permiten evitar ese malestar de forma inmediata, a largo plazo terminan resultando desadaptativas y se convierten en una fuente de malestar en sí mismas. Como alternativa, mindfulness propone aceptar esas experiencias y emociones negativas en vez de intentar evitarlas, puesto que el malestar es una parte esencial e ineludible de la vida.

 

  • Dejar pasar: Consiste en desprenderse, desapegarse de algo a lo que nos aferrábamos y dejarlo ir. Puesto que toda situación y emoción que experimentamos es temporal.
  • Intención: La práctica del mindfulness nos propone perseguir un propósito o meta vital, en vez de tratar de obtener beneficios inmediatos a través de nuestras acciones.

Con estos componentes como base, a lo largo de las últimas décadas el mindfulness se ha incorporado a diversos modelos de tratamiento en psicoterapia, incluyéndolo como un componente, o bien como un elemento principal de la intervención psicológica. Entre ellos, podemos encontrar la Terapia Dialéctica Conductual (TDC). Esta terapia fue creada por Marsha Linehan en la década de los 90 y pertenece a la llamada tercera generación de terapias psicológicas, basadas en el modelo de aceptación. De esta forma, la tercera generación considera que, si algo no se puede cambiar en la vida de la persona, entonces, lo más útil es aprender a convivir con ello, es decir, aceptarlo. Es en este conjunto de psicoterapias donde más se puede encontrar el uso de mindfulness. En la TDC el mindfulness forma parte de una de las cuatro habilidades que los pacientes deben aprender, que le sirve tanto para tolerar el malestar, así como para regular sus emociones. También encontramos la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Esta terapia fue desarrollada por Hayes en 1999 y también forma parte de las terapias de tercera generación. Por último, se encuentra la Terapia cognitiva basada en Mindfulness, desarrollada por Segal, Williams y Teasdale en 2002. Esta terapia persigue cambiar la forma que los pacientes tienen de relacionarse con sus pensamientos y emociones negativas y enseñarles a tomar conciencia de ellas. Otras psicoterapias que incluyen mindfulness son la Terapia de Reducción del Estrés y la Terapia Breve Relacional.

Aunque inicialmente la investigación con mindfulness se centró en su aplicación en el dolor, el estrés y calidad de vida, sus posibles aplicaciones clínicas han ido aumentando con el paso de los años gracias a la ingente cantidad de investigaciones que han surgido en este campo. De esta forma, mindfulness ha demostrado ser eficaz al aplicarse en diferentes problemas psicológicos como la depresión, ansiedad, trastornos de conducta alimentaria, trastorno de estrés postraumático, trastorno límite de la personalidad, abuso de sustancias y cuadros emocionales vinculados al cáncer.

Además de ser efectivo para el tratamiento de todos estos problemas, mindfulness proporciona y potencia en la persona que lo practica diferentes actitudes y habilidades

 

personales, tales como: la empatía, la paciencia, la autoconciencia, aumentar la concentración, disminuir la impulsividad y, por último, disfrutar plenamente del momento presente y de la actividad que se esté realizando (ya sea comer, hablar con un amigo, estudiar, cuidar de los hijos, pasear de camino a casa, etc.).

Sin embargo, el interés del mindfulness no se limita únicamente al campo de la psicología clínica. Esta práctica también está despertando enorme interés en la neurofisiología, así como en la educación, puesto que parece ser una poderosa herramienta educativa.

Si deseáis ampliar la información acerca del mindfulness, sus técnicas, sus investigaciones y sus diferentes aplicaciones, a continuación, se citan dos artículos sobre el tema, en cuyos datos nos hemos basado la redacción de este artículo.

Vásquez-Dextre, E. R. (2016). Mindfulness: Conceptos generales, psicoterapia y aplicaciones clínicas. Revista Neuropsiquiátrica, 79 (1), pp. 42-51.

Moñivas, A., García-Diex, G., y García de Silva, R. (2012). Mindfulness (Atención plena): Concepto y Teoría. Portularia, vol. XII, pp. 83-89.

Inés Laso Castelo

Por | 2020-04-23T11:44:25+00:00 abril 23rd, 2020|Blog|Sin comentarios

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