¿CUÁLES SON LAS BASES DE UNA ADICCIÓN?

Podemos definir una conducta adictiva como el consumo repetido, compulsivo y abusivo de una droga. Esta conducta incluye elementos tales como un deseo o impulso intenso de consumir, dificultad para controlar la conducta, malestar cuando el consumo no se realiza y persistencia de la conducta adictiva a pesar de los problemas ocasionados en los diferentes ámbitos de la vida y en la propia salud de la persona, que puede incluso llegar a desarrollar cuadros psicóticos como consecuencia del consumo, por no hablar del riesgo de muerte por sobredosis.

El consumo suele iniciarse por la búsqueda de los efectos psicoactivos experimentados como placenteros, lo que en Psicología se conoce como reforzamiento positivo (porque la aparición de un estado placentero tras la emisión de la conducta, aumenta la probabilidad de que esta conducta se repita). Asimismo, el consumo puede iniciarse como “vía de escape” y evitación de pensamientos y experiencias internas que provoquen malestar. En este caso, nos encontraríamos ante otro tipo de refuerzo: el reforzamiento negativo (porque la desaparición de un estado aversivo como consecuencia de la emisión de la conducta también aumenta la probabilidad de que se repita en un futuro).

Cada droga posee un mecanismo de acción diferente, aunque todas ellas alteran el funcionamiento del Sistema Nervioso Central (SNC) , llegando incluso a provocar alteraciones irreversibles si su consumo es muy prolongado. El principal componente de este sistema implicado en toda adicción es el sistema dopaminérgico córtico-meso-límbico, también conocido como sistema de recompensa. El consumo de diferentes sustancias provoca la activación de este sistema, que da lugar a un aumento de la Dopamina (DA) en diversas regiones del SNC. La DA es el neurotransmisor asociado al placer, por ello, las sustancias que influyen en su liberación son potencialmente muy adictivas.

No obstante, a medida que el consumo se cronifica, el organismo se adapta a la sustancia, lo cual se conoce como tolerancia. Este proceso de adaptación a la droga provoca que cada vez sean necesarias dosis mayores para mantener los mismos efectos. La tolerancia también provoca que, a medida que se consume, los efectos placenteros experimentados disminuyan.

De esta forma, llega un momento en el que el consumo se mantiene para evitar los efectos aversivos que provoca su falta en el organismo (es decir, se mantiene por reforzamiento negativo), más que por la búsqueda de sus efectos placenteros, que son cada vez menores debido a la tolerancia. Esto es así porque cuando el consumo se interrumpe o disminuye tras un uso prolongado, aparece el síndrome de abstinencia, que trae consigo experiencias muy aversivas y malestar para la persona que lo sufre. Algunos de los síntomas experimentados en este síndrome son: temblores, pérdida de apetito, estado depresivo, insomnio, fatiga, irritabilidad, etc.

Pasar por el síndrome de abstinencia es el proceso conocido como desintoxicación, que puede llegar a durar hasta diez semanas, dependiendo del tipo de droga consumida y del tiempo y cantidad del consumo previo. No obstante, una vez superada la desintoxicación es necesario iniciar un proceso de deshabituación a la sustancia, para evitar posibles recaídas y desarrollar nuevas estrategias de afrontamiento. Ello requiere de seguimiento psicológico y psiquiátrico más prolongado.

Prochaska y Diclemente elaboraron un modelo donde definen los diferentes estadios y procesos por los que suele pasar una persona decidida a abandonar su adicción, conocido como el Modelo Transteórico. Estos procesos son los siguientes:

  • Precontemplación: Estadio inicial donde todavía la persona no reconoce que tiene una adicción ni hay intención de cambio.
  • Contemplación: En este estadio la persona reconoce su problema y se plantea si dejar o no su adicción. Este es un proceso caracterizado por la ambivalencia.
  • Preparación: La persona se decide a abandonar su adicción y se compromete a ello.
  • Acción: La persona lleva a cabo cambios activos para abandonar su conducta adictiva y deja de consumir.
  • Mantenimiento: La abstinencia se mantiene durante un periodo superior a seis meses.
  • Recaída: La persona vuelve a consumir y regresa a estadios iniciales del proceso. Estos autores establecen la (re)caída como una parte normal del proceso, pero aquí es importante diferenciar entre caída y recaída. La caída sería un lapso o fallo ocasional que daría lugar a un consumo puntual, a lo cual se refieren estos autores; mientras que la recaída sería el restablecimiento del hábito de consumo como resultado de no superar adecuadamente situaciones sucesivas de caída. En los casos de caídas, resulta muy importante normalizar este hecho como parte del proceso del cambio, así como transmitir que retroceder al estadio anterior no implica tener que volver al inicio del proceso.
  • Finalización: Mantenimiento de la abstinencia de forma indefinida.

La terapia psicológica permite acompañar a las personas que se planteen dejar su adicción en su proceso de cambio a través de la validación y de la construcción de la motivación y el compromiso para el cambio, la psicoeducación, la planificación de estrategias y actividades alternativas al consumo, siempre a través de la acción dirigida a valores.

Inés Laso Castelo

Graduada en Psicología

Por | 2021-04-08T19:18:35+00:00 abril 8th, 2021|Blog|Sin comentarios

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