¿CÓMO PODEMOS DECIRLE A NUESTRO HIJO QUE NOS VAMOS A DIVORCIAR?

Pasar por un proceso de divorcio es una situación vital que supone un gran estrés para la pareja o matrimonio que decide acabar su relación. Este estrés aumenta de forma significativa si el divorcio se produce de una manera conflictiva entre los miembros de la pareja, pudiendo aparecer de esta forma trastornos de ansiedad y/o depresión, entre otros.

Pero este proceso también supone un alto nivel de estrés emocional para los hijos/as, así como el posible desarrollo de problemáticas posteriores si no se gestiona de una manera adecuada. El divorcio puede ser especialmente estresante para los/as hijos/as si se da un alto nivel de conflicto y litigio entre los progenitores, siendo este un factor de riesgo para el desarrollo de las diferentes problemáticas en los menores.

Un proceso de divorcio es una situación muy delicada, que puede influir negativamente en el desarrollo emocional y social de los más pequeños. Aunque podamos pensar que para los/as niños/as pequeños los problemas de los adultos pasan desapercibidos, no es así. Los/as niños/as son capaces de percibir el conflicto y la tensión emocional de sus padres. Asimismo, el divorcio afecta a los/as hijos/as adolescentes, pudiendo desarrollar problemas que dificulten la también delicada etapa del crecimiento en la que se encuentran.

Entre las principales consecuencias negativas que pueden aparecer en los hijos/as que viven un proceso de divorcio, podemos encontrar las siguientes:

  • Depresión.
  • Problemas de conducta.
  • Agresividad y problemas de autorregulación.
  • Conductas antisociales.
  • Consumo de alcohol y drogas en adolescentes.
  • Trastornos de ansiedad.
  • Problemas de autoestima.
  • Disminución del rendimiento académico.

Como se ha comentado anteriormente, el riesgo de desarrollo de estas problemáticas aumenta si en el proceso de separación se produce un alto nivel de conflicto interparental, y si este conflicto se prolonga de forma sostenida en el tiempo después del divorcio. Es decir, si al pasar meses o incluso años tras la firma del divorcio ambos progenitores mantienen conductas tales como: criticar al otro progenitor delante de los/as hijos/as, cortar toda comunicación con el otro progenitor, empleando a los/as hijos/as como intermediarios, negarse a permanecer juntos en la misma habitación, etc. Evitar estas conductas es de gran importancia para reducir el estrés psicológico de los menores.

Con las pautas de actuación que se van a describir a continuación, no garantizamos que el proceso de divorcio no vaya a suponer ninguna dificultad para los menores, porque un divorcio siempre va a ser difícil para cualquier miembro de la familia. No obstante, seguir estas pautas al comunicar la separación quizás sirva para pasar por este proceso de una forma más adaptativa, tanto para los progenitores como para sus hijos/as, disminuyendo así el riesgo de desarrollo de problemas más severos.

  1. En primer lugar, es importante elegir un momento adecuado para abordar el tema, en un espacio cómodo, privado, tranquilo y sin prisas.
  2. Comunicar la decisión del divorcio de forma conjunta, hablando y acordando cómo hacerlo de forma previa entre ambos progenitores.
  3. Expresar que la separación es una decisión de los dos, acordando un argumento común.
  4. No presentar la separación como una tragedia ni descontrolarse emocionalmente al comunicarla.
  5. Evitar presentarse como la víctima o señalar al otro progenitor como el culpable del divorcio, así como evitar dar información que pueda dañar la imagen del otro progenitor delante del hijo/a.
  6. Asimismo, conviene no dar una información exhaustiva sobre los motivos de la separación.
  7. Es importante tener en cuenta la edad y el momento evolutivo del niño/a, adaptando la explicación de la separación a su nivel de comprensión.
  8. Al comunicar la separación, es importante expresar de forma explícita que los/as hijos/as no son los culpables. En los divorcios, es habitual que los menores crean que sus padres se han separado por algún comportamiento suyo, creyéndose así culpables de la separación. Por ello, es necesario aclarar este aspecto, resaltando que los hijos no han tenido nada que ver en la separación.
  9. También, es necesario decirles que son muy queridos, mostrarse disponibles, expresando que pueden contar con ambos en todo momento y transmitirles que la relación que tienen con ellos no va a cambiar.

Por último, una detección rápida y una actuación preventiva son siempre muy importantes. Por ello, si se detecta alguna dificultad emocional o alguno de los problemas psicológicos mencionados anteriormente, puede ser de gran ayuda acudir a un psicólogo infanto-juvenil, para frenar su cronificación y desarrollo en el menor.

Inés Laso Castelo

Psicóloga General Sanitaria col. nº M-36991

Por | 2021-08-26T16:31:46+00:00 agosto 26th, 2021|Blog|Sin comentarios

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