ACTIVA PSICOLOGÍA

Amuletos y talismanes

20/11/2014

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¿Tiene algo que ver la educación y la cultura en el uso de amuletos? ¿Las personas con poco nivel de formación son más propensas a su uso o quizá este tipo de objetos es utilizado por cualquier persona sin tener en cuenta estos factores?

El contexto en el que se educa la persona influye en sus creencias y valores. Podemos decir, por tanto, que aquellas personas que han vivido en un contexto en el que se ha dado importancia a las ideas y conductas supersticiosas, son más propensas a desarrollar creencias y comportamientos de este tipo. 

Por otro lado, la educación y las experiencias que han otorgado relevancia a un exceso de control favorecen que la persona busque ese control en factores externos. Es decir, la persona puede desarrollar un estilo de atribución externo que le lleve a buscar apoyos en elementos ajenos a ella. 

En principio, el nivel de formación de una persona no le hace más o menos propenso a este tipo de atribuciones externas y a la búsqueda de “amuletos” o “talismanes” que le otorguen sensación de control. Es más relevante como hemos dicho el estilo educativo y el contexto cultural del que ha participado. 

¿Qué poder o qué mecanismo es el que activamos para darle esa importancia a este tipo de protección? ¿Puede ser que lo utilice gente muy insegura, tímida, con baja autoestima? 

En general, todos vivimos con una “ilusión de control”, es decir, pensamos que tenemos cierto control sobre las cosas que nos ocurren. Muchas personas consideran que este control depende de variables internas, es decir, propias. Sin embargo, otras personas consideran que el control depende de factores externos o ajenos a ellas, por lo que buscan protecciones en personas, circunstancias o cosas. 

Puede ser que las personas que son más inseguras o que tienen baja autoestima sean más propensas a buscar el apoyo en los factores externos que hemos mencionado, aunque esto no es siempre así. Hay personas seguras de sí mismas o con una autoestima normal que mantienen un pensamiento mágico para algunas circunstancias de la vida. Esto no supone una fe ciega en los “talismanes”, ni un abandonarse a la suerte o al destino, sino que aúnan el esfuerzo personal y la “dosis mágica”.

 ¿Puede influir el hecho de que algún día nos ocurra algo importante y lo asociemos al objeto, ropa o comportamiento que hayamos realizado ese día y pensemos que realmente ha sido eso lo que nos ha dado suerte?

De forma general, existe una cultura de la buena o de la mala suerte. En muchas ocasiones tendemos a valorar factores externos que expliquen el porqué de un hecho. Si el acontecimiento es muy relevante puede ocurrir que esos estímulos externos queden asociados con el evento vivido. En este sentido, cuando nuevas situaciones nos recuerdan al acontecimiento pasado puede ser que reparemos en los factores externos que estaban presentes entonces. En algunos casos, la persona puede intentar que se den de nuevo esas circunstancias de “buena suerte” o evitar aquellas que implican “mala suerte”. Si además la persona tiene creencias supersticiosas o tiene un estilo de atribución externo, es mucho más probable que la asociación entre acontecimiento y estímulo externo se fortalezca.

¿Puede influir el que estemos pasando una “mala racha” para confiar más enlos amuletos?

Si la persona tiende a establecer asociaciones entre hechos y estímulos externos, puede ser que atienda más a los elementos “protectores” (sean “amuletos”, “talismanes” o simples rituales de conducta) No obstante, puede ser que la persona tenga siempre en cuenta a esos amuletos como una forma de “protección permanente” cuando se va a enfrentar a situaciones que considera relevantes y en los que cree necesitar altas dosis de “buena suerte”

 He leído que muchas personas utilizan este tipo de objetos porque necesitan creer en algo¿Por qué el hombre busca siempre algo en lo que agarrarse? 

En general, el hombre busca dar explicaciones a lo desconocido. En este sentido, se mantienen numerosas creencias, siendo algunas de tipo supersticioso. Estas creencias supersticiosas responden a un miedo a la incertidumbre, a lo desconocido, a lo incontrolable. 

Desde aquí es más probable que la persona se aferre de forma “irracional” a los elementos “protectores” o de “buena suerte”.

 ¿El hecho de poseer un talismán o amuleto tiene que ver con la necesidad del hombre de tenerlo todo bajo control? 

Como hemos comentado, las personas que toleran peor la incertidumbre o manifiestan más miedo a lo desconocido, pueden tratar de tener las cosas siempre bajo    control, lo que puede favorecer que busquen los elementos de “suerte”. También las personalidades obsesivas son más propensas a tener todo bajo control y, por tanto, a buscar más la “protección”.

¿El hecho de creer tan ciegamente en estos talismanes puede limitar nuestra conducta o repercutir en nuestro quehacer diario? 

Cuando la persona ha establecido asociaciones muy fuertes entre los acontecimientos y los factores externos, puede generar una cierta obsesión y dependencia de los mismos. Esta circunstancia puede llegar a condicionar de manera muy importante su vida, ya que su comportamiento empieza a girar sobre la obsesión y el miedo, y sobre la manera de evitar lo temido. Hay personas que no pueden vivir sin tener en cuenta a sus “amuletos” o “talismanes” (entendiendo a estos no sólo como objetos de protección, sino también como secuencias repetitivas de conductas que se convierten en rituales elaborados que consumen gran cantidad de tiempo y generan un alto coste emocional) En el extremo, nos encontramos con problemas obsesivo-compulsivos que requieren la ayuda de profesionales.

¿Quizá ponemos más voluntad, tenemos una mejor actitud aunque no seamos conscientes de ello y lo relacionemos con el hecho de poseer un amuleto?

Puede que así sea. El sentirse protegido genera una actitud de confianza y tranquilidad, y esto puede hacer que pongamos más voluntad. No obstante, no creo que este proceso sea algo inconsciente. Antes bien, considero que la persona cambia su actitud desde la creencia de que el amuleto o el talismán le asisten.

Además, de esta manera, se fortalece la asociación entre acontecimientos y “elementos de protección”.

Pero, ¿por qué obtener la confianza y la seguridad desde variables externas y no desde uno mismo? ¿Por qué hipotecar nuestra actuación a la presencia o posible influencia del “objeto mágico”?

La actuación debe estar basada en la confianza en uno mismo y no tanto en aspectos externos u objetos de protección.

 ¿Puede pasar que confiemos tanto en esos objetos porque nos transmiten seguridad y confianza?

Seguramente. Pero el problema es que la confianza se obtenga a través de esos objetos y que la vida de una persona gire en torno a ellos hasta el punto de generar una dependencia.

De alguna forma, todos participamos de determinados “rituales” o “talismanes” que supuestamente nos ayudan, o que al menos nos ofrecen cierta confianza. Para la mayoría de las personas, esos objetos suponen una mera anécdota, una coincidencia que quizá traten de mantener, aunque son capaces de prescindir de ellos sin que les genere inseguridad o desconfianza desmedidas. 

¿Podríamos afirmar que el hombre no recibe la ayuda de los poderes sobrenaturales de un amuleto, sino que es su propia convicción de que el amuleto los posee?

Bueno, esto entra de lleno en las creencias de cada individuo y en ese sentido es respetable que se piense que un objeto tenga poderes sobrenaturales. Ahora bien, ¿cuál es la consecuencia de esta creencia? Si la consecuencia es que la persona deja su vida en manos de la influencia del amuleto, irá perdiendo poco a poco su seguridad y confianza personales.

En cualquier caso, “a Dios rogando y con el mazo dando”. 

He leído que los amuletos son reforzadores espirituales y que actúan a favor de la psique. Se refieren a que el poder de un talismán es la autogestión activa de la mente. ¿Podrían explicarme a qué se refiere el concepto autogestión activa de la mente? 

En un plano esotérico, no puedo decirte lo que eso significa. En el terreno de lo psicológico, la autogestión activa de la mente podríamos traducirla como la capacidad que la persona tiene para gestionar sus emociones y motivaciones, y dirigir sus acciones hacia la consecución de una meta u objetivo. 

También he leído que la psicología transpersonal defiende la teoría de que el ser humano posee distintos niveles de consciencia. Uno de ellos es la consciencia colectiva y ésta es la encargada de que el ser humano nazca con una tendencia a creer en fenómenos que no pueden o no tienen explicación. ¿Tiene esto algo que ver con el hecho de que la gente crea en los amuletos? 

Honestamente, no puedo contestarte esta pregunta, ya que desconozco lo que postula la psicología transpersonal. Lo que sí puedo decirte, es que el miedo a lo desconocido y a la incertidumbre nos hace más propensos a tener en cuenta a los elementos externos de “protección”.

¿Podrían los amuletos representar una ayuda psicológica que beneficia a las personas porque les fortalece mentalmente? 

Lo que realmente fortalece a la persona es la seguridad y confianza en sí misma, es decir, el pensar que con sus capacidades y su esfuerzo obtendrá una recompensa, o no, pero que al menos ella es la auténtica protagonista de su vida. Esta afirmación no es incompatible con el hecho de tener determinadas creencias, siempre y cuando no condicionen de forma negativa su vida generando sufrimiento.

¿El hecho de creer que este tipo de objeto puede tener alguna repercusión en nosotros? Es decir, ¿puede llegar a ser algo incontrolado, por ejemplo, que algún día nos olvidemos de nuestro objeto y pasemos un día con ansiedad, pensando que las cosas nos van a salir mal? 

Por supuesto que sí. Algunas personas pueden generar una dependencia tal, que tengan la creencia de que el “objeto” o el “ritual” es imprescindible para estar protegidos. De esta manera, la persona puede vivir siendo esclava de la creencia, pasándose al lado de las supersticiones patológicas que, generalmente, conllevan ansiedad y sufrimiento, además de otro tipo de consecuencias como, por ejemplo, la limitación de sus acciones, sus metas y su proyecto de vida. 


Manuel Oliva Real.    Psicólogo colegiado número: M-10935


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