ACTIVA PSICOLOGÍA

Personas autoritarias

14/10/2014

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¿A qué se debe que algunas personas posean esa personalidad?

El término “personalidad” proviene del griego “persona” que significaba la máscara que utilizaban los actores en las representaciones teatrales. Esta acepción identificaría la personalidad con los diversos roles o papeles que una persona representa a lo largo de su vida en los diversos escenarios por los que transita.

Estos papeles se encuentran dados ya en la sociedad cuando nacemos en forma de normas o valores, y las personas accidentalmente participan de algunos de ellos (no los eligen). De modo que el autoritarismo guarda relación con unas normas sociales que aprueban el dominio, poder y control sobre los demás, el ejercicio de la autoridad y el castigo ante su trasgresión.

La transmisión de estas normas puede comenzar desde la primera infancia, cuando los padres responden con hostilidad al niño cuando éste les contraría (llora, se queja, se equivoca, …). Este modelo de comportamiento será repetido por el niño cuando experimente frustración en sus relaciones sociales.

¿Hay algún tipo de persona que sea más propensa a ser así?

No existiría una predisposición a un tipo de personalidad autoritaria (como a padecer cáncer de mama o tener el colesterol alto), en cuanto que ésta no se hereda sino que se desarrolla a partir de unas normas sociales transmitidas por la familia y otras agentes sociales.

¿Qué rasgos tienen en común estas personas?

El autoritarismo puede ir desde la dominancia hasta el sadismo, que sería la variante más grave (no confundir con el sadismo sexual, en el que se experimenta placer sexual inflingiendo daño físico al otro). Suelen ser personas dominantes, agresivas, dogmáticas o incluso violentas con los demás. Muy disciplinados, les apasiona mandar, poner normas y castigar su violación, llegando al uso de la amenaza o humillación para conseguir su fin. Responden enérgicamente ante el cuestionamiento de su autoridad o cuando les desafían. Se muestran insensibles ante las necesidades y sentimientos de los demás, llegando a parecer crueles. Tampoco suelen expresar sus sentimientos, algo que consideran como signo de debilidad. Por lo general, funcionan muy bien en estructuras de poder tradicionales, jerárquicas, sobretodo si ocupan puestos de dirección.

¿Puede haber diferentes tipos de personas autoritarias?

La literatura científica describe cuatro tipos personalidades autoritarias en su variante más grave o sádica:

A. “Autoritario explosivo”: se caracteriza por explosiones de ira incontrolable dirigidas normalmente contra su familia, y agresiones que no buscan tanto el dominio, sino liberarse de la frustración. Tiene dificultades para expresar verbalmente su malestar. Un ejemplo típico podría ser un “padrastro disciplinado”

B. “Autoritario tiránico”: Es el más violento y cruel. Experimenta gran satisfacción ante el sufrimiento que genera en los demás, y se muestra frío y calculador. Un ejemplo sería un dictador o un alto cargo militar “despiadado”.

C. “Autoritario que se hace respetar”: Es estricto en el cumplimiento de las reglas y cree que tiene legitimidad para controlar y castigar a los demás. Se encontraría a gusto en cargos que impliquen el uso de sanciones sociales. Como ejemplo, se podría citar al policía cruel que abusa de su poder.

D. “Autoritario débil”: Son inseguros, cobardes. Dirigen la violencia víctimas débiles o “cabezas de turco” con la finalidad de crearse una apariencia fuerte y temida. Valdría de ejemplo el integrante de un grupo juvenil violento.

¿Puede darse el caso de que sean autoritarios en un ámbito concreto de su vida y en otros no? 

Dado que las características de personalidad son estables y consistentes a través de las situaciones, en buena lógica las personas autoritarias tenderán a mostrar ese patrón comportamental con las personas que se hallen bajo su influencia, en todas las áreas de su vida que impliquen relaciones de jerarquía o de subordinación. Por ejemplo, quien es dominante y abusador con sus empleados, probablemente lo sea también con su pareja e hijos, o con otras personas a quienes perciba como vulnerables; aunque esto no es un axioma.

¿Cómo puede afectarles en su vida a nivel personal, laboral, relacional...? 

Todo depende de la intensidad y frecuencia con que muestren comportamientos autoritarios y dominantes, y de las características personales de quienes se relacionan con ellos. Suelen ser percibidas por los demás como personas ásperas, dogmáticas, competitivas, carismáticas, intolerantes, insensibles a las necesidades de los otros, y poco afectuosas, lo cual tiende a enorgullecerles. En los casos más severos, pueden llegar a ser crueles, denigrantes, humillantes y coercitivos.

En el ámbito familiar, pueden considerarse la autoridad suprema, llegando a limitar la libertad de los miembros de su familia, como, por ejemplo, no dejando salir sola a una hija o controlando las amistades de su cónyuge. Responderían con ira ante el cuestionamiento de su autoridad.

 En el área laboral, presionan a sus subordinados, critican, velan por el cumplimiento estricto de las normas y reglamentos, y no toleran la mínima muestra de desacato o discrepancia con sus órdenes.

¿Ser autoritario tiene relación con el nivel cultural y educativo?

No directamente. Es un hecho que ha habido y hay personas autoritarias en todas las épocas, lugares y estratos socio-culturales (dirigentes políticos, jueces, religiosos, militares, padres y madres de familia, etc.), pero también es cierto que determinadas prácticas sociales han podido prevalecer en algunos momentos históricos. Sin ir más lejos, en el pasado reciente de nuestro país, los funcionamientos sociales se basaban en la autoridad y no se permitía cuestionamientos: el padre era el cabeza de familia y tenía toda la autoridad sobre la mujer e hijos, quienes no podían contradecirle; el poder e influencia de la iglesia y determinadas profesiones (médicos, policías, políticos, …) era evidente e irrefutable, etc. En esa época, como en la actual, había gentes de diverso nivel educativo y cultural que participaban del autoritarismo, por lo que, más que la cultura, lo más determinante sería la falta de valores ético-morales, que incluyan el respeto y la tolerancia a los demás y no las relaciones basadas en el dominio y la supremacía; lo que iría en la línea de una deficitaria educación afectivomoral por parte de la familia y agentes sociales.

¿Puede influir el hecho de haber tenido unos padres demasiados exigentes o que vivamos en un mundo de modelos sociales muy rígidos?

Abundando en la respuesta anterior, la clave se encuentra en determinadas normas sociales que siguen presentes en nuestro contexto, aunque quizás en menor medida que antaño. Dichas normas revelarían una forma de relación interpersonal basada en el poder conferido por la posición o la tradición, la autoridad, el dominio, así como la justificación y empleo del chantaje, amenaza, o violencia para mantenerlo. En cuanto a la relación parental, muchos estudios apuntan que la personalidad autoritaria tiene su origen en una relación hostil, intolerante y punitiva de los padres hacia el niño. Sea el temperamento colérico del niño o las frustraciones laborales o personales de los padres el desencadenante de este tipo de relación, el resultado sería que el niño aprende este modelo autoritario de comportamiento como guía para sus relaciones sociales, que pondría en marcha ante las frustraciones interpersonales.

¿Un ser autoritario puede esconder algún tipo de complejo?

Algunos autores de filiación psicoanalítica han interpretado el autoritarismo a partir de lapresencia de complejos. Por ejemplo, Horney señala que las personalidades sádicas abusan de los demás porque odian la vida, piensan que su propia vida ha sido vana y sin sentido, y este “triunfo vengativo” les hace sentir superiores.

Otro autor, Fromm, entiende el autoritarismo como una pasión por tener el control absoluto de otro ser vivo, con la que aliviaría el sentimiento de impredectibilidad en la vida y el amor.

¿Puede ser que desee proyectar sus debilidades en los demás?

Más que desear proyectar sus debilidades, se podría decir que las debilidades y puntos débiles que critican, ridiculizan y mortifican en lo demás guardarían relación con las propias (como por ejemplo, el ataque feroz que realizan contra todo lo que huela a sentimentalismo); pero esto no se haría de manera intencional ni voluntaria. También se ha hablado de una proyección de sus motivos hostiles por parte de la persona autoritaria sobre los demás, de modo que si se produce un ataque de violencia no pueden ser culpados pues están actuando en defensa.

¿Por qué son incapaces de adaptarse a las variaciones externas y necesitan tener todo bajo control?

Lo que caracteriza a estas personas no es tanto una incapacidad para adaptarse a los cambios externos y una necesidad de control en el entorno (características más propias de una personalidad perfeccionista), cuanto la vigilancia en el cumplimiento de unas normas de las que ellos se hacen valedores. La trasgresión de esas normas, reglas, convenciones u órdenes implica el castigo, la agresión, humillación o amenaza. 

¿Los autoritarios suelen ser personas hostiles que sólo atacan a personas más débiles? 

En efecto. Quiero recalcar una vez más que esa hostilidad no es “gratuita” ni “indiscriminada” (como en el caso de personalidades antisociales o psicópatas), sino dirigida a las personas que guardan una relación de dependencia o subordinación, o son más débiles. La violencia en estos casos no es percibida como desproporcionada por el autoritario, sino justificada y apropiada (“se lo merecía”, “es por su bien”). Estas personas son particularmente hábiles a la hora de identificar las debilidades o vulnerabilidades de sus victimas, que pueden ser utilizadas para proferirles mayor daño o humillación.

¿Son personas con demasiado ego y necesidad de autoafirmación?

En todo caso, serían personas con baja autoestima que utilizarían el dominio y la violencia como una forma de obtener control en sus vidas, y mostrar una apariencia fuerte y temerosa que esconda sus inseguridades y debilidades al exterior.

He leído que el autoritarismo más que un síndrome de personalidad es un rasgo de la misma ¿es cierto esta afirmación?

Sí. La personalidad puede entenderse de manera categorial o dimensional. En el primer caso estableceríamos categorías o tipos, excluyentes entre sí, definidos por unas características y criterios concretos (p. ej. hablamos del trastorno de personalidad dependiente, antisocial o evitativo, …); mientras que en el segundo caso, cada personalidad se podría definir a partir de la posición que ocupa en un continuo que representa cada rasgo (p. ej. se puede ser muy extravertido, poco amable, excesivamente responsable …).

El autoritarismo puede constituir un síndrome cuando cumple con un número determinado de criterios diagnósticos, pero una persona (tanto si cumple los criterios para el síndrome como si no) también puede caracterizarse a partir de la posición que ocupa en el continuo del rasgo. Este rasgo iría desde el extremo pasivo/inhibido hasta el extremo autoritario/agresivo. Ambas posturas son, como puede verse, complementarias.

¿Por qué estas personas no suelen confiar en los demás y piensan que sólo ellos son capaces de hacer las cosas bien?

Suelen desconfiar bastante de los demás, sobretodo de las manifestaciones de amabilidad y afecto; pero no es característico que se crean los únicos capaces de hacer las cosas bien (esto último es más típico en las personalidades perfeccionistas, lo que les lleva a no delegar tareas y sobrecargarse de responsabilidades y trabajo).

En cuanto al porqué de esa desconfianza, puede estar en el miedo a que les releguen de su posición privilegiada de poder o a que pongan en entredicho su autoridad.

¿Este hecho puede dar lugar a que siempre tengan relaciones conflictivas?

Fundamentalmente, el origen de las relaciones conflictivas radica en su abuso del poder, y el empleo de la violencia, amenaza y humillación casi continuas como formas de dominio en sus relaciones personales. Esta violencia no proviene tanto de la desconfianza en los demás cuanto en el placer que experimentan ejerciéndola por una causa que consideran “justa”.

¿Estas personas suelen ser solitarias por naturaleza o es que por su carácter al final suelen quedarse solas?

No buscan el aislamiento ni la soledad, es más, quieren estar rodeados de personas a quien poder dominar y mandar, aunque por el comportamiento que despliegan la gente tiende a evitarlos y rehuirlos. El problema es que en muchas ocasiones no es posible este alejamiento ya que la posición que ocupa lo dificulta (un jefe del trabajo, un maestro de escuela, un padre,…).

¿Cómo se puede convivir o relacionarse con este tipo de personas?

La relación con una persona autoritaria puede llegar a ser insufrible, sobretodo si se intenta competir con ellos o desafiarles, pues sería entrar en su juego preferido donde son muy hábiles. La mejor actitud es manternerse firme en la postura que se está defendiendo, sin amedrentarse ni mostrarse temeroso ante las amenazas.

Al resolver conflictos con ellos, es preferible negociar, mostrándole los beneficios que le puede reportar la alternativa propuesta, sin apelar a los sentimientos de la otra persona (pues son indiferentes y atacarán con más ímpetu) ni insistir en que reconozca su error o culpa (pues esto les crispará más, al no tolerar que les digan lo que tiene que hacer). Si la persona autoritaria es un jefe o un progenitor, lo mejor es no enfrentarse a él, hacerle ver que se aceptan sus normas, y después hacer las cosas como se quiera.

¿Que consecuencias emocionales negativas tiene? ¿y psicosomáticas?

Para la persona autoritaria es evidente que está experimentando casi de continuo estados de ira y enfado. Estos estados emocionales conllevan un importante desgaste físico al implicar la continua activación del sistema nervioso simpático, y la liberación de diversos neurotransmisores y neurohormonas.

Está ampliamente documentada la relación entre los estados continuos de ira y agresividad manifiesta con patología cardiocoronaria (infarto agudo de miocardio, angina de pecho, accidentes cerebro-vasculares, …).

Y ya por último, algunos consejos o pautas para estas personas que tengan intención de cambiar.

Es muy difícil dar consejos para ayudarles a cambiar ya que no consideran que exista un problema. Si buscan ayuda suele ser debido problemas secundarios derivados de su estilo de personalidad, como problemas de ansiedad o depresión (p. ej. si le despiden del trabajo por ser demasiado “duro” con sus subordinados). 

Estas personas suelen verse a sí mismas como realistas, enérgicos, competitivos, fuertes y, como he dicho antes, justifican y racionalizan sus accesos de violencia, entendiéndolos como justicia. En cualquier caso, el cambio, aunque difícil, debería comenzar por una remoralización de la persona, en el sentido de ayudarle a adquirir valores verdaderamente morales que gobiernen sus relaciones sociales. 

Estos valores deben incluir el respeto y la tolerancia hacia los demás, cualquiera que sea su condición. 


José Antonio Tamayo Hernández.    Psicólogo colegiado número: M-18960


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